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Cuando el hambre es ecológica

POR DOMINGO ABRÉU COLLADO 
El hambre puede ser ecológica, pero eso no significa que por ser ecológica sea buena. Una parte de la Ecología estudia las diferentes cadenas tróficas o cadenas alimenticias, dependiendo de los ecosistemas y nichos ecológicos. La cadena trófica es una comunidad biocenótica en la que toman participación diferentes especies: las especies productoras, las especies consumidoras y las especies descomponedoras.

Las especies productoras -como las plantas- utilizan la energía solar y las reacciones químicas naturales para convertir la materia inorgánica en materia orgánica.

Las especies consumidoras (como las vacas, los tigres, las personas, las palomas) se alimentan de otros seres vivos. Estas especies se clasifican en tres órdenes: primer orden: hervíboros (gacelas que comen pasto); segundo orden: carnívoros que se alimentan de hervíboros (como los leones que comen gacelas); tercer orden: carnívoros que se alimentan de carnívoros (como los cocodrilos que comen leones).

Las especies descomponedoras, que son aquellos animales grandes que se alimentan de carroña (buitres, auras, leopardos, hienas), y animales minúsculos (microorganismos) que convierten la materia orgánica en materia inorgánica cerrando así el ciclo.

Asociándose con los seres humanos, y estudiándola desde otro ángulo, a la cadena trófica suele llamársele pirámide trófica, en cuya cúspide se coloca la especie humana, por ser la especie que recurre a todos los demás órdenes para su supervivencia.

Cuando en medio de la cadena trófica -ecológica por esencia- escasea uno de sus eslabones (las gacelas, por ejemplo), los animales del segundo orden pasan hambre. Por ejemplo, cuando hay escasez de gacelas los leones pasan hambre, un hambre ecológica, si a calificarla vamos, por ser consecuencia de un desequilibrio ecológico que puede ser pasajero (si es por falta de manadas de los hervíboros), grave (si es por descenso prolongado de gacelas) o catastrófico (si es por desaparición de las gacelas como población o como especie).

El hambre ecológica puede presentarse también en otros eslabones de la cadena trófica. Por ejemplo, cuando se presenta entre las especies productoras: los vegetales, el hambre ecológica afectará primero a los hervíboros y, como consecuencia, afectará también a carnívoros y omnívoros, como los seres humanos.

Este efecto puede presentarse por causas naturales, y por causas naturales también puede desaparecer, como siempre ocurre. Pero cuando las causas son artificiales, originadas por los seres humanos, entonces es muy difícil que el hambre ecológica desaparezca, a menos que se eliminen las causas creadas, cosa a la que los seres humanos parecemos no estar dispuestos. Y el mejor ejemplo de esa situación es Africa, cuyo hambre ya es ecológica y de inestimable duración, producto del desequilibrio ecológico causado por el desastroso manejo económico impuesto por los colonizadores.

La lucha contra el hambre

Partiendo de que sin especies productoras no habrá consumidoras, según establece ecológicamente la cadena trófica, tenemos que el mundo se encamina hacia un hambre cada vez más terrible y de mayor duración.

Lo más interesante de todo esto es que la eliminación de las especies productoras se están realizando a nombre del desarrollo humano, del progreso, de la lucha contra el hambre, de la erradicación de la pobreza y de otros paradigmas que no llegan ni a «puro dogmas».

En Brasil, por ejemplo, cuando se eliminaron más de 26 mil kilómetros cuadrados de selva virgen amazónica entre agosto del 2003 y agosto del 2004, se justificó ese holocausto verde argumentando que se realizaba en bien de la recuperación económica de ese país.

En el caso de la selva amazónica, se trata de la fuente de agua limpia más importante del mundo, como lo es también al ser el más efectivo sumidero de absorción de carbono y el mayor área de presencia de biodiversidad.

La política tenía que estar presente para que esta catástrofe ocurriera. Blairo Maggi, uno de los mayores productores de soya en el mundo, es gobernador de Mato Grosso y probablemente el principal propiciador de esta destrucción, en su beneficio.

Los expertos brasileños consideran que ha sido el crecimiento económico, la construcción de nuevas carreteras y la expansión de la agricultura, las causas principales de la pérdida de tanto bosque virgen.

Pero eso no terminó ahí. La destrucción en Brasil seguirá por mucho tiempo, por lo menos hasta que quede un árbol en la selva amazónica. Luego se verá… el claro desde los satélites.

 

El ex continente verde

¿De qué nos sirven los grandes organismos mundiales si no son capaces de detener la destrucción?

La Organización de las Naciones Unidas -ONU- considerada la mayor organización asociativa de países, gobiernos, instituciones, etc., «considera que todos los países latinoamericanos sufren en mayor o menor medida un problema de desertificación, lo que propiciado que hayan dejado de ser `una región verde’.

Esta declaración fue externada el mes pasado por el jefe de la Unidad de la Convención contra la Desertificación de la ONU, Heitor Matallo, aprovechando la celebración del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

Añadió el funcionario de la ONU que ese «no es un problema pequeño ni sencillo en todos los países de América Latina y el Caribe porque progresivamente va creciendo de magnitud». Pero eso lo sabemos todos sin que para ello tengamos que ser funcionarios de la ONU ni especialistas en desertificación.

La gran interrogante es, ¿Para qué sirve la ONU si no puede lograr resolver problemas como ése? ¿Si tenemos en cifras confirmadas lo que ocurre y sabemos lo que ocurrirá más adelante, porqué no ha sido posible conjurar un futuro tan siniestro?

Entre las nuevas informaciones que ya forman parte de los descubrimientos científicos, de la historia económica y el saber ecológico, está la siguiente: «Actualmente se calcula que el 41 por ciento del mundo lo constituyen tierras secas, un 20 por ciento de ellas desiertos, y que la incipiente desertificación amenaza la vida de 1.200 millones de personas en más de un centenar de países». Pues muy bien. ¿Y qué hacemos ahora con esa información aparte de difundirla y aterrorizarnos unos a otros?

 

La eliminación de especies productoras en R.D.

El crecimiento horizontal de las ciudades dominicanas, principalmente de la capital, Santo Domingo, ha ido eliminando cantidad de especies productoras y sepultando miles de kilómetros cuadrados de suelo fértil que pudiera estar produciendo alimentos: vegetales, carne, leche, huevos, víveres, etc.

La eliminación de los bosques originales en beneficio de la industria maderera destruyó parte de nuestra «maquinaria natural» de producción de agua limpia. La erosión por esa misma causa ha provocado la pérdida de suelos tanto en las montañas como en los «pie-de-montes» y en llanuras cercanas a éstos.

La industria hotelera ha eliminado enormes bosques de manglares, considerados como las especies productoras (segundo ecosistema productor de biomasa) más ricos que se conocen. Igualmente, y como consecuencia, han sufrido los arrecifes de coral, el ecosistema de mayor producción de biomasa.

Ni el crecimiento horizontal de las ciudades ni la destrucción de manglares y arrecifes de coral se han detenido. Mucho peor, se ha centrado el desarrollo económico de la República Dominicana en el crecimiento turístico. En tanto, se pierden áreas de producción de alimentos y se extiende la desertificación, todo en aras del crecimiento económico.

¿Tiene lógica todo esto cuando se habla de enfrentar la pobreza, luchar contra el hambre y promover el desarrollo humano? ¿No vamos en realidad hacia el hambre ecológica?

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