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Medio ambiente y desarrollo

Desde hace semanas, venimos siendo testigos de un movido enfrentamiento entre ambientalistas, representantes de instituciones oficiales e inversionistas de una nueva fábrica de cemento, que ha obtenido el permiso oficial para instalarse en las inmediaciones de “Los Haitises”. La proximidad de la cementera a este importante parque nacional, ha encendido un viejo debate acerca de cómo puede lograrse un justo balance entre el crecimiento económico y la protección del medio ambiente.

Los efectos negativos de la intrusión de la mano del hombre en diferentes lugares del planeta, ha tenido como resultado el que las ONG defensoras de la ecología, y las organizaciones “verdes” radicalicen sus posiciones y sus acciones, en defensa de lo que consideran lugares intocables para proteger la sostenibilidad de la tierra a través del tiempo.

Dados los problemas que vienen originando el calentamiento global, la escasez de agua, la sobrepoblación, etc., existen inversiones y proyectos que tanto las mencionadas instituciones, como un número cada vez mayor de ciudadanos conscientes, consideran inaceptables, por entender que ponen en peligro recursos imprescindibles para la vida.

Por otro lado están quienes con razón entienden que para salir del atraso y la pobreza, las Naciones necesitan desarrollarse, y que para lograrlo son necesarias las inversiones.

Opino, que todos los extremos son malos, y que tan perjudicial es tratar de lograr el desarrollo a cualquier precio, como el inmovilismo producto de un exceso de regulación.

Me parece que es necesario buscar un equilibrio entre las políticas ambientales y las estrategias de crecimiento económico, sabemos que esto es muy difícil, pero mientras más claros se encuentren estos límites mejor para todos.

Lo ideal es lograr proyectos de inversión con un limitado impacto ambiental y un máximo aporte económico.

Las exigencias cada vez mayores establecidas por los países interesados en proteger sus ecosistemas, han obligado a la industria a desarrollar recursos tecnológicos, que han permitido que muchas actividades antiguamente perjudiciales, se hayan tornado compatibles con el medio ambiente.

La República Dominicana deberá exigir que para aquellos emprendimientos de alto riesgo, sea una obligación dotarlos de estas nuevas tecnologías protectoras, asegurándose que en la práctica así se haga.

Pero ¿cómo podrían compatibilizarse lo económico, ambiental y social, para casos como el que nos ocupa, y otros que sin ninguna duda continuarán presentándose?

Desde mi particular punto de vista, me parece que estas conflictivas situaciones obligan a nuestro país a tratar de definir un modelo de desarrollo sostenible, que trate de encontrar el equilibrio entre el necesario crecimiento económico y la protección del medio ambiente, sin olvidar que  aún estando esta responsabilidad en manos del Estado, este es un patrimonio de todos.

En cuanto al conflictivo caso de la nueva cementera, creo que tanto a los inversionistas como al gobierno les conviene que se realice un nuevo estudio de impacto ambiental y que éste sea hecho por una calificada entidad que no pueda ser acusada por nadie de parcialidad.

De esta forma, ellos y el país podrán estar más tranquilos.

Por: FRANKLIN BÁEZ BRUGAL
Hoy Digital