«Hace 13 años, llegar hasta aquí era una odisea, el lodo era por toda parte», pero hoy «la gente ya no identifica a Los Fríos con el barro rojo, como era antes». Así resume Alejo Aybar la transformación experimentada por esta sección del municipio de Padre Las Casas, en Azua, que durante años estuvo sumergida en el aislamiento.
Durante ese tiempo, esa comunidad apenas existía en el mapa como un alejado y rezagado paraje de la Cordillera Central. El polvo en tiempos de sequía y el lodo durante las lluvias provocaban que llegar al lugar fuese una travesía. Los caballos y mulos pasaban a ser el principal medio de transporte.
Las carencias, que impedían ver la belleza natural del pueblo, se extendían hasta el servicio de salud. La clínica rural más cercana estaba en Arroyo Cano, San Juan, a unos 13 kilómetros, mientras que la oferta educativa era insuficiente, provocando que los jóvenes queden marginados de la formación.
Y es que la situación no podría ser de otra manera: como dependientes de una agricultura precaria —con producción de maíz, café, habichuela, yuca, aguacate y otros productos—, había un éxodo constante de sus habitantes, principalmente hacia Santo Domingo, Santiago y Constanza en busca de mejores condiciones de vida.

El camino a la metamorfosis
El camino hacia el renacer se allanó con la sincronización de varios factores a su favor: la promulgación de la Ley 312-06, que elevó a Los Fríos de paraje a la categoría de distrito municipal, representó un avance, pero el punto de inflexión fue la inauguración de la hidroeléctrica de Palomino, en 2012, ya que, cuatro años más tarde, el Gobierno llevó la electricidad a varias localidades de la Cordillera Central, incluyendo Los Fríos.
Además, se asfaltó la carretera Arroyo Cano-Los Fríos, mejorando la ruta y permitiendo que el trayecto por la montañosa carretera se realizara en cualquier vehículo. Esto motivó la llegada de visitantes y curiosos que durante años habían evitado la zona por las malas condiciones de acceso.
«Vamos a Santo Domingo o a cualquier pueblo y, gracias a Dios, podemos llegar con los zapatos limpios», indica con orgullo Alejo Aybar. «Es un lugar muy bueno para turistear y botar el estrés de la capital», agrega el docente de 41 años.
Otro elemento que incidió en el avance fue la pandemia del COVID-19. A partir de 2020, las restricciones sanitarias impulsaron a muchas personas a buscar espacios abiertos, con tendencia a disfrutar la vida silvestre.
En el caso de Los Fríos, mientras gran parte del país permanecía bajo restricciones, muchas personas se desplazaron desde Constanza y otros lugares a la zona, ya que podían moverse libremente, disfrutando de la naturaleza y alejados del encierro de las ciudades.

El auge del ecoturismo en la República Dominicana, la mejora de las vías de acceso, la electrificación y el retorno de muchos de sus nativos han cambiado la realidad de sus 2,647 habitantes, según el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2022.
Datos de Google Trends muestran cómo las búsquedas relacionadas con la comunidad experimentaron un notable crecimiento a partir de la pandemia.
Efectos secundarios del éxito
Aunque todavía hay obras pendientes, como la terminación del liceo y la carretera a Constanza, la comunidad ha mantenido un constante empuje. El avance ha despertado el interés de los ausentes por regresar a sus raíces e invertir en el desarrollo, como en la construcción de villas, locales comerciales, bienes raíces y en cosechas agrícolas.
«La gente está viniendo a invertir en Los Fríos, especialmente en proyectos turísticos«, afirma el director municipal Andrés Aybar, de 40 años, quien hizo una carrera de Derecho en Santo Domingo, pero decidió regresar para aportar al desarrollo de la demarcación.
Nelson Delgado, de 45 años, emigró a Santo Domingo cuando tenía 17 en busca de mejores oportunidades. Más tarde se trasladó a Bávaro, donde desarrolló un negocio turístico que le permite trabajar de manera remota. Gracias a esa flexibilidad regresó a construir su casa y aprovechó un capital para adquirir varios terrenos y comercializarlos como solares, obteniendo buenos resultados.
Regresa con frecuencia porque, según afirma, estar cerca de la naturaleza «no tiene comparación». «Es mucho más que cualquier tipo de terapia para el estrés«, señala Nelson.
La ola inmobiliaria ha disparado los precios de los terrenos. Los solares en el centro del pueblo son cada vez más escasos y los pocos disponibles alcanzan precios que hace algunos años parecían impensables.
Según residentes, terrenos que antes se regalaban o se vendían a precios simbólicos hoy pueden alcanzar hasta 2,000 pesos por metro cuadrado.
Comprar un solar aquí es igual que en Bávaro«, comenta un comunitario.
![[object HTMLTextAreaElement]](https://resources.diariolibre.com/images/2026/06/04/parador-fotografico-37458331.jpg)
El encanto del lugar
Mientras en Azua predomina un clima seco y altas temperaturas, este pedacito de tierra, ubicado al noroeste de la provincia, en la frontera con San Juan, ofrece otro panorama.
Su ubicación a más de 1,500 metros sobre el nivel del mar, en el punto de entrada al Parque Nacional José del Carmen Ramírez, registra temperaturas cercanas a los 10 grados e incluso inferiores en determinadas épocas del año.
En algunas tardes, la neblina envuelve el paisaje con un manto blanco que aporta serenidad y fascinación al paisaje. Estas condiciones han contribuido a que muchos visitantes dejen de verlo como un remoto pueblo de montaña y comiencen a verlo como lugar idílico para estar en contacto con el medio ambiente, lejos de los tapones, el bullicio y el calor de la capital.
Pero la verdadera magia del lugar radica en la vista panorámica de 360 grados que ofrece. Hacia el norte y el noroeste se observa, si la neblina lo permite, el Pico Duarte y el Parque Nacional José del Carmen Ramírez; hacia el sur aparecen la ciudad de San Juan, la Sierra de Neiba y la presa de Sabana Yegua.
Al sureste se distinguen Padre Las Casas y las montañas de Azua, mientras que hacia el este se levanta la imponente Nalga de Maco, una de las montañas más emblemáticas de la Cordillera Central.
Avance y necesidades
Además de disfrutar del clima y las panorámicas, desde el distrito municipal se organizan rutas de senderismo con guías hacia la presa de Palomino y el Cañón del Río Blanco, uno emergente atractivo ideal para acampar en las noches.
Asimismo, Los Fríos se ha convertido en una parada obligada para quienes realizan recorridos entre Constanza y San Juan, una espectacular ruta frecuentada por motociclistas y conductores de vehículos todoterreno. El parador fotográfico, inaugurado hace unos meses, ofrece «una de las mejores vistas del país», indica Aybar.
Desde la comunidad también parten excursiones hacia el Pico Duarte. En ese sentido, el director municipal solicita al Ministerio de Turismo la construcción de una caseta para recibir a los excursionistas que se dirigen a la montaña más alta del Caribe, debido a que las cabañas son insuficientes.
Asimismo, pidió la asignación de un camión recolector de residuos, ya que, para preservar el entorno, los desechos deben ser trasladados hasta el vertedero de Padre Las Casas, situado a más de 30 kilómetros de distancia.
Acción Verde | El Portal Ambiental de la República Dominicana Todo lo relativo al Medio Ambiente y Recursos Naturales con énfasis Cambio Climático y Areas Protegidas




