¿Quién tiene la culpa?

La caza furtiva existe en todas partes. Quienes más culpa tienen son los que pagan fortunas por un adorno fabricado con marfil, por una pócima afrodisiaca elaborada con cuernos de rinoceronte o bilis de osos o por un cachorro de orangután.

Se estima que cada cazador furtivo, que corre el riesgo de perder la vida en el intento o de acabar con sus huesos en la cárcel, apenas se queda con un 5 a un 10% del precio final que alcanza cada pieza en el mercado internacional. Entre él y el destinatario hay una larga cadena de intermediarios, que son los que acumulan las mayores ganancias.

En todo el mundo, la carne de muchas animales víctimas de la caza furtiva, puede acabar en la mesa de restaurantes que compran a los cazadores ilegales el producto de sus incursiones. Lo mismo pasa con la pesca furtiva, ya sea de peces o mariscos. Mientras haya quienes compren su mercadería, estos cazadores seguirán existiendo.

Un grave problema es la llamada caza mayor, es decir la de animales de gran envergadura que suele ser uno de los motivos por los que cientos de personas viajan a varios países de África, para participar en safaris de caza que son legales. Y si bien es cierto que existen rígidas leyes para los mismos, estas no siempre se cumplen.

África es el continente al cual acuden miles de cazadores, porque la ley de muchos países permite la muerte de cierta cantidad de animales, alegando que sirve para mantener las poblaciones controladas y que no haya un crecimiento desmesurado de ningún tipo de animal, un hecho que podría romper el equilibrio del ecosistema.

Pero hay infinidad de casos documentados de animales que han sido víctima de este tipo de prácticas, en sitios que no estaban habilitados para ello. Por otra parte, en EEUU aún se permite la importación de trofeos de caza. Algo que en la Unión Europea está prohibido, pero que igual sigue pasando.

Lo que sucede con elefantes y rinocerontes es un tema gravísimo, puesto que se los mata para quitarles los colmillos. Con el marfil se fabrican adornos y con el cuerno de rinoceronte un polvo ‘supuestamente’ afrodisiaco. Por esta causa se han extinguido varias especies de rinocerontes y si no para la caza furtiva, los elefantes podrían desaparecer en menos de 20 años.

Asia

Especialmente del sureste asiático es desde donde sale la mayor cantidad de animales, con destino al resto del mundo, para satisfacer todo tipo de caprichos. Incluso hay quienes viajan especialmente a estos países a buscar especímenes vivos que esconden en sus maletas, objetos fabricados con piel o huesos o elixires maravillosos elaborados con partes de animales, todo ello producto de la caza furtiva.

América del sur

Desde Colombia, Ecuador, Brasil o Perú salen cada año miles de animales, con destino a las codiciosas manos de personajes adinerados de todas partes del mundo, que no vacilan en pagar el dinero que sea, con tal de jactarse de tener como mascota un jaguar, un coatí, una rana o una serpiente venenosa o un guacamayo.

La caza furtiva existe en todas partes y de cada 10 aves que salen de su país de origen luego de ser capturadas por cazadores furtivos y enviadas en pésimas condiciones (en botes, botellas o latas), con suerte dos llegan a destino con vida. El resto perece y merma la biodiversidad local. Además, todos los animales pueden ser portadoras de enfermedades, ya que viajan sin ningún tipo de control sanitario.