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La batalla de El Memiso: historia y biodiversidad

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Por: Simón Guerrero

Cada año conmemoramos nuestra independencia con formidables despliegues de banderas, ofrendas florales y actividades en todas las escuelas. Me parece magnífico. Pero debemos recordar que la bandera, el escudo y el himno son útiles representaciones simbólicas de esa mezcla inefable de paisaje, sentimiento y nostalgia que es la Patria, pero que no la sustituyen. Que la profusión de símbolos no nos impida conocer la patria verdadera en toda su magnífica diversidad y que no terminemos reduciéndola a sus símbolos, lo que origina un patriotismo simplón, que se ejerce con sólo desplegar las banderas en las fechas patrias y ponerse de pie al oír el Himno.

A la mayoría de los dominicanos nos indigna la injerencia extranjera, pero muchos no creen es una agresión a la Patria que los mercaderes (locales y foráneos) se repartan Bahía de las Águilas, con la excusa de mejorar las condiciones de vida de las comunidades aledañas, absurda paradoja que pretende borrar quinientos años de miseria destruyendo en poco tiempo los únicos recursos que garantizan el desarrollo sostenible de esa región.

Tenemos que entender que la Patria no se reduce al territorio, los monumentos y la cultura. Existe una patria natural que son los escenarios primigenios y los seres vivos que aún nos quedan y que hay que defender a cualquier precio.

El jueves 28 de febrero, un grupo de estudiantes y profesores de Unibe celebramos la independencia con una serie de actos que tratan de rescatar esa noción de Patria Natural. La Batalla del Memiso fue el motivo que nos permitió hermanar naturaleza e historia en una sola y significativa celebración. Esta batalla, en la cual las tropas dominicanas, al mando del General Antonio Duvergé, derrotaron a las tropas haitianas el 13 de abril de 1844, es un hecho heroico muy conocido en nuestro país. Sin embargo, una gran parte de los dominicanos cultos ignora que este nombre, tomado del sitio donde ocurrió la batalla, proviene a su vez de una planta nativa de gran importancia para los ecosistemas y la cultura de nuestro país.

Las frutas del Memiso (Muntingia calabura) eran parte de la dieta de los taínos y en nuestros campos aún se las comen. Con sus fibras se hacen cuerdas y sus flores y frutos proveen alimento a las mariposas, los murciélagos y las aves. Su madera también es usada para construir instrumentos musicales. Es excelente para controlar la erosión, ya que tiende a crecer en pendientes y a echar «hijos» que en poco tiempo cubren con sus raíces mucho espacio. Enriquecen, además, la capa vegetal, por la gran cantidad de hojas que producen. Es, además, una planta pionera, que contribuye a la recuperación de los bosques, pues son las primeras que nacen en las zonas deforestadas

El día de la celebración, los estudiantes de historia presentaron un trabajo sobre los aspectos históricos de la batalla, mientras los de Ciencia Ambiental mostraron fotos con las características del árbol. Luego de una charla sobre la importancia de la «Patria Natural», plantamos un ejemplar de Memiso donado por el Ministerio de Medio Ambiente en uno de los jardines del campus.

Los dominicanos vivimos aferrados a la congoja, ya inútil, de la desaparición de los Taínos. Aunque «los 20 mil que vio Las Casas» sigan naciendo en nuestros corazones, su exterminio, como toda extinción, fue para siempre. Pero nos quedan sus escenarios, y una gran cantidad de las plantas, animales y flores de su entorno paradisíaco. Es doloroso pensar en lo mucho que hemos perdido, pero reconforta saber que es mucho lo que todavía podemos salvar.

guerrero.simonmail.com
Vía: Diario Libre

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