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El talento académico al servicio de la naturaleza

 

eleuterio-martinez-mini1La UASD asume como línea de estudio e investigación la problemática de los ríos de República Dominicana, su Comisión Ambiental se desplaza por todo el país haciendo un levantamiento de la situación actual de las escorrentías superficiales y participa activamente en la solución de los casos más críticos.

»Aquí no vinimos a conocer si se murieron cinco hormiguitas, cuatro macos y uno que otro pez o jaiba, este no es un tribunal ecológico, aquí estamos para defender la honorabilidad del señor Próspero Peralta, quien ha sido injuriado y difamado por estos seis señores que dicen representar al llamado Comité de Defensa del Río Guayubín, al decir por los medios de comunicación (LISTíN DIARIO, Radio Samba y otras emisoras de la Línea Noroeste) que el querellante estaba cometiendo un ‘crimen ecológico’ amparado en un supuesto permiso de la Secretaría de Estado de Obras Públicas». Este era el planteamiento central de los abogados del demandante.

Es uno de los casos más insólitos que hemos visto durante los años que tenemos estudiando la problemática de la desaparición de los ríos del país. Insólito y muy especial porque hasta ahora no tiene punto de comparación, aunque se han dado otros más graves aún, y con matices violentos, por ejemplo: la forma en que los intereses de los areneros se han superpuesto a la Ley 123 de 1971 sobre Protección a la Corteza Terrestre para arruinar el río Nizao, donde a pesar de los pataleos de los anteriores directores del INDRHI y de Foresta, y no obstante la lucha de las comunidades de Semana Santa y sus alrededores (la cual ya tiene una víctima en su haber: la muerte de Sixto Durán), la situación empeora día a día.

También hemos observado la forma en que los ingenieros civiles que construyeron la moderna autopista »6 de Noviembre» que conduce de Santo Domingo a San Cristóbal, destrozaron el río Nigua (la única fuente de agua de esta ciudad), haciendo caso omiso al decreto 1034-86-257 (del 29 de septiembre de 1986), que prohíbe la extracción de arena, grava y gravilla de los ríos Nigua, Nizao y Yubazo. En una oportunidad (cuando me crea con autoridad para hacerlo, era el director ejecutivo de Cuencas Hidrográficas de la Dirección General Forestal), quise abrir la boca para protestar por este »crimen ecológico» y antes que terminara de hablar, un Capitán de Navío de la Marina de Guerra me envió preso al »Plan Piloto» de la Policía Nacional para que escarmentara entre cuatro paredes y entendiera que por encima de los ríos y la inquietud de quienes intenten defenderlos, están los sagrados intereses de los contratistas.

Ya ustedes han visto lo que está pasando con el río Haina, la agonía aún latente de los ríos Pérez y Bajabonico entre Altamira e Imbert, la muerte lenta de los ríos Orí y Gen en Gaspar Hernández, la historia depredadora de los ríos Anamuya, Sanate y Chavón de la costa oriental del país y el estado de coma en que se encuentran los ríos Baní, Ocoa y Távara en el sur; entonces, ¿qué tiene de particular que alguien intente depredar el río de Guayubín para conseguir unos pesitos? 
Bueno, que debajo de la yagua salió un alacrán. La comunidad de los Cerros de San José se puso de pie y le dijo a Próspero Peralta que él no iba a destruir su río. Los moradores se organizaron en el »Comité de Defensa del Guayubín» y le comunicaron al periodista Rafael Pujols de LISTíN DIARIO lo que estaba pasando. Este señor se sintió ofendido y sometió a la Justicia a los voceros para que repararan el »daño moral» y le resarcieran los pesos invertidos en la construcción del camino y los que dejó de ganarse con la explotación del banco de arena que allí se ha formado.

¿Cree usted que es inteligente enfrentar a una comunidad que se resiste a que le arruinen su única fuente de agua, con el único interés de sacar beneficios particulares de un bien natural que usted no ha producido? El agua es la base y el sustento de la vida en el seno de la naturaleza, es un bien común que nadie puede abrogarse. Pero ¿qué tuvo que ver la Comisión Ambiental de la UASD en todo esto?.

por Eleuterio Martínez 
Publicado originalmente en el Listín Diario del 9 de noviembre del 1999