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El problema de los ruidos en la Ciudad Colonial

Los arquitectos Erick Dorrejo y Pedro Mena, especialistas en el tema urbano, plantean en un artículo publicado en el Diario Libre, la necesidad de que los negocios, en especial los que colocan música, utilicen dispositivos aislantes de ruido, para así evitar la contaminación ambiental por ese sentido. Proponen el uso de sistemas de doble puerta o doble cristal, así como delimitar y cerrar las áreas de los negocios donde se colocará música alta. También, que se definan lugares específicos para parqueos, para que las calles de la «zona» permitan el libre paso de los transeúntes.

«Lo que no se puede pretender es que se tengan la tranquilidad de hace 30 años, pues las ciudades han cambiado… y por la vía de diálogo, yo creo que se puede llegar a un acuerdo», considera Mena. Y recuerda que, aunque en años anteriores la planificación de la ciudades incluía la separación de usos, en la actualidad, las grandes ciudades y modernas, están de vuelta al uso mixto.

Si bien las ciudades se transforman, esa transformaciones deben ser hacia lo mejor, por lo que el objetivo principal de cualquier plan urbano debe ser el de mejorar la calidad de vida de los habitantes, por lo que considero que es una irresponsabilidad plantear que «…lo que no se puede pretender es que tengan la tranquilidad de hace 30 años, pues las ciudades han cambiado».

No sólo deberían tener esa tranquilidad de hace 30 años si no que deben aspirar a un ambiente aún mejor.

El problema de los negocios en los centros históricos- que es un problema mundial- reside en que deben implementarse, a nivel municipal, ordenanzas precisas que establezcan no sólo el aislamiento acústico, sino criterios de usos de suelo que compatibilicen las relaciones entre zonas con prevalencia de viviendas con determinados tipos de negocios.

Estas ordenanzas deben responder a políticas generales establecidas en los planes urbanos y sobre todo en los planes sectoriales, que tratan de organizar zonas especificas de la ciudad.

Resulta extraño que mientras el Ministerio de Interior asume el papel dar permisos a determinados usos, el Ayuntamiento no asuma una posición al respecto. En todo caso debe ser el Ayuntamiento, prevalentemente, quien en coordinación con las instituciones requeridas, sea esta Interior y Policía o cualquier otra, de los permisos de usos para locales comerciales como bares, colmadones, discotecas y otros.

Obviamente estas ordenanzas deben ser productos de un proceso de concertación donde participen los diferentes actores urbanos.

Por otro lado la idea de la ciudad compacta que propone el uso mixto en las ciudades no supone el que un uso pueda agredir los derechos de los ciudadanos a la tranquilidad. Así mismo este concepto, que entendemos correcto, no supone que se pueda instalar cualquier negocio en cualquier parte. El concepto de «propiedad privada» tiene el límite que impone lo que llamamos «la «propiedad social del espacio» que se expresa en las leyes, reglamentos y ordenanzas que regulan los usos del terreno. Por ejemplo nadie puede poner un prostíbulo en donde quiera a partir de que esa propiedad es mía y hago lo que quiero en mi propiedad.

Nos referimos a un asunto de gestión urbana, de construir los instrumentos necesarios que permitan a todos los sectores, tanto los ciudadanos como los comerciantes, aprovechar las oportunidades de la ciudad compacta sin agredir a los demás. La autoridades municipales deben asumir su papel de administrador de la cosa urbana, mas allá de la recogida de la basura, e implementar con la debida decisión lo que dice la ley, después de todo como decía Juarez «el respeto al derecho ajeno es la paz».

Vía: Diario Libre