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El fin de los sinfines: antes de cortar tenemos que sembrar

eleuterio-martinez-mini1Momentos antes de salir hacia la ‘‘Cumbre del Milenio’’ convocada por Las Naciones Unidas, específicamente la noche del día 4 de los corrientes, en medio de los preparativos del viaje, el presidente Hipólito Mejía firmó el Decreto Número 709 – 00, donde dispuso el cierre de todos los sinfines y aserraderos que operasen en el país en base a la madera extraída de los bosques nativos.

Esta no sólo es una medida valiente, oportuna e imperativa ante la destrucción inmisericorde de los bosques cordilleranos a causa de la proliferación de aserraderos sino que se convierte en un mensaje elocuente por sí mismo que la sociedad dominicana debe interpretar inteligentemente, pues al parecer, marca el rumbo de la senda por la cual ella habrá de transitar en la búsqueda de su desarrollo y bienestar, ofrendándole el debido respeto que merece la naturaleza.

El primer mandatario, al juramentar a Frank Moya Pons como Secretario de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales, dijo, en medio de los apagones que azotaban al país: ‘‘la problemática ambiental dominicana y la situación de los recursos naturales por la que atraviesa República Dominicana, es más grave aún que la situación energética’’. Puede que el Presidente estuviera tratando de expresar las conclusiones de sus reflexiones sobre esta realidad o quizás trataba de hacerle comprender al ministro del ambiente la gran responsabilidad que ponía en sus manos; lo cierto es que en esta disposición, donde decreta ‘‘el fin de los sinfines’’, no hay mensaje subliminal, sino una señal clara que nos indica que ‘‘antes de cortar, tenemos que sembrar’’.

El padre Regino Martínez Bretón fue el primero en pegar el grito al cielo cuando se cansó de observar el triste espectáculo que a diario se escenificaba frente a su iglesia en Dajabón, ofrecido por los camiones que no cesaban en su propósito de trasladar los bosques de las montañas de Restauración hacia los aserraderos de Santiago de los Caballeros.

Luego fue el Cura Párroco de la iglesia de Jimaní, cuyas voces rutumbaron en las oficinas del Palacio Nacional, quién denunció que la Sierra de Neiba y buena parte de la floresta vírgen del parque nacional que lleva su nombre, ardía en llamas y culpaba a los terratenientes dominicanos que empleaban nacionales haitianos para que les talen los bosques en los predios ocupados, dándoles como único pago, la madera cortada que pronto se convertía en carbón y leña para ser comercializada en Haití.

Pero ahí no se detuvieron las voces de la iglesia católica, sino que los sacerdotes jesuistas Guillermo Perdomo de la parroquia San José de Restauración y Ricardo Santos, párroco de Santiago Rodríguez denunciaron por su parte la masacre que se estaba cometiendo con los bosques de Vallecito en Santiago Rodríguez y los pinares de Partido, Loma de Cabrera, Santiago la Cruz y Restauración. Y para sellar con broche de oro y a nadie se le ocurriese pensar de que se trataba de “ecologistas fundamentalistas”, también se alzó la voz autorizada de monseñor Tomás Abreu Herrera para elevar a la categoría de “crimen incalificable”, el que se estaba cometiendo con los bosques fronterizos y de la Línea Noroeste, amparados en unos supuestos planes de manejo forestal autorizados por el INAREF.

Los planes de manejo

“Es terrible ver como deforestan nuestras cordilleras; caobas centenarias pueden verse a la orilla de los caminos entre Mao y La Yagua, tumbadas sin que estén molestando a nadie. Solamente alrededor de Mao hay cinco aserraderos y sinfines elaborando troncos recién cortados, utilizando como pretexto, a estas alturas, que se trata de madera derribada por el ciclón Georges”, dijo el obispo de la diósesis de Mao – Montecristi.

“Patanas y camiones llenos de troncos transitan libremente por toda la región y ya forman parte de la vida cotidiana de los moradores que viven a orillas de las carreteras y todo esto está ocurriendo cuando las fuentes fluviales muestran signos de agotamiento, en medio de la terrible sequía que arropa a los pueblos del noroeste”, acotó el prelado.

Pero no vaya usted a creer que los depredadores son “niños de teta”;
nuestra amiga y distinguida colega Ana Mitila Lora se trasladó al lugar de los hechos (en los días previos a la transmisión de mando), como enviada especial del LISTÍN DIARIO para que documentara objetivamente la situación que no solamente estaba alarmando a la Iglesia Católica, sino a todo el país, y ¿sabe usted lo que encontró? Me cuenta que en una calle cualquiera de Restauración se encontró con un chofer de carro público que le manifestó contar con permiso oficial para los cortes de pino que se realizaban en su propiedad, pues aunque se trataba de un bosque nativo (es decir, natural, no plantado artificialmente), las operaciones se realizaban dentro de lo que establece el “plan de manejo” sometido a Foresta. “Yo contraté los servicios de un dasónomo para que me hiciera el plan de manejo y por eso estoy cortando y tumbando dentro de la ley”, le dijo el cristiano a nuestra reportera.

También los congresistas

Aún en medio de las evidencias y del peso de las denuncias, Paíno Abreu Collado, presidente de la finada Comisión Coordinadora para la creación de la Secretaría de Estado del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (COSERENAMA), dijo que una investigación exhaustiva de las denuncias del obispo de la diócesis Mao-Montecristi, demostró que no era tal la depredación de los bosques de la región.

Pero en medio del festival de cortes que se escenificaban en Maimón, Bonao, Guaigüí, Bahoruco Oriental y en las cuencas de los ríos Guayubín, Inaje y Artibonito, el diputado Alfonso Fermín Balcácer denunció la existencia de 350 aserraderos instalados en las inmediaciones de la Cordillera Central, el Cibao y la Línea Noroeste, los cuales estaban diezmando pinares, bosques ribereños y árboles de madera preciosa en diferentes puntos del país, incluyendo los parques nacionales y otras áreas protegidas, razón por la cual el congresista se preguntó si las autoridades del antiguo Instituto Nacional de Recursos Forestales y de la antigua Dirección Nacional de Parques (ambas instituciones fusionadas actualmente en la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales), se encontraban de vacaciones, pues no existía una explicación convincente para que ello estuviese pasando.

Foresta reacciona

En medio del fragor de las denuncias y tras la comprobación de que la madera que ilegalmente se estaba extrayendo de las inmediaciones de la Reserva Científica de Loma Quita Espuela no procedía de daños causados por algún fenómeno climático, las autoridades forestales prohibieron cortar y transportar los árboles supuestamente derribados por el huracán Georges y la suspensión de todos los permisos otorgados para tales fines. El mayor general Luis Luna Paulino amenazó con incautar la madera y cerrar los talleres que violen la disposición, además de someter a la acción de la justicia a los que resultasen culpables.

El alto funcionario forestal advirtió a los propietarios de aserraderos y sinfines que deben descontinuar la práctica de procesar madera de árboles de procedencia desconocida, ya que le sería incautada, cerrados los talleres y sometidos a la justicia quienes resultasen responsables de la acción. Dijo el general que “de acuerdo a una minuciosa investigación realizada por el organismo a través de fotografías de satélites, los árboles derribados por el ciclón se encuentran muy dispersos y en lugares inaccesibles, haciéndose sumamente difícil y costoso el proceso de extracción”.

Precisó que los aserraderos y sinfines que operaban con estos árboles, ya no pueden continuar haciéndolo y que sólo se permitirá que lo hagan con árboles provenientes de planes de manejo, cuya autorización debería obtenerse previa solicitud, en la que puedan justificar mediante la presentación de contrato, que la misma proviene de planes de manejo y fincas forestales.

Política de Estado

Es una pena que la mayoría de los técnicos forestales no tengan una cultura ecológica que le permita percibir con claridad la inmensa gama de servicios forestales que brinda el bosque.

Esta laguna en el personal que labora en el servicio forestal del país es un muro a salvar por las nuevas autoridades de la recién creada Secretaría de Estado para el Medio Ambiente y Recursos Naturales, quienes parecen estar conscientes de esta realidad, pues el ministro del sector, doctor Moya Pons, dijo el pasado miércoles al clausurar el taller “Programa Nacional Forestal” (en medio de la plana mayor de los funcionarios forestales y personalidades relacionadas con el quehacer forestal) que: “en lo adelante tendremos que cambiar los viejos hábitos y las viejas costumbres para poder acometer nuevas prácticas en el campo forestal; necesitamos una nueva mentalidad para comprender y poder aplicar con rigor el espíritu de la nueva ley ambiental del país”.

Pero la mentalidad de “pie tablar” que poseen los técnicos forestales dominicanos es más bien fruto de su formación, pues en las escuelas y universidades sólo se le entrenó para inventariar los volúmenes de madera de un bosque, a realizar cálculos de existencias, métodos de extracción, técnicas de corte, aserrío, planificación y técnicas de mercadeo de los productos forestales.

Las materias claves rondan en torno al manejo forestal, a la dendrología, dasometría, caminos forestales y silvicultura. Si se le dio una ecología forestal, era para ampliar su acervo intelectual, pero es muy posible que nunca se le haya hablado en las aulas sobre el almacén de la biodiversidad que representa el bosque, sobre especies en vía de extinción, capacidad de carga ecosistémica o de cambios globales.
La revolución tiene que hacerse y darse a todos los niveles si es verdad que queremos “revertir” el actual proceso de declive que experimentan las exhaustas masas boscosas del país.

Esta tiene que ser una “política de Estado” para que pueda dar sus frutos y el primer mandatario así parece haberlo entendido, no solo por la emisión del decreto 709-00 o sus elocuentes palabras al juramentar su ministro del ambiente, sino porque le escuchamos decir a viva voz: “esto no puede continuar así, lo que está pasando en las lomas de Constanza le conmueve hasta el alma a cualquiera”.

Pero aún más, nos confesó ante un grupo de congresistas de su partido que había tenido la oportunidad de ver junto a funcionarios de las Naciones Unidas unas fotos de satélite donde se apreciaba con toda su crudeza la dramática situación de los recursos naturales de la nación haitiana y que esa realidad ya estaba cruzando las fronteras camino hacia acá, pues aquella línea verde otrora que marcara la división entre los territorios de ambas repúblicas, ya prácticamente había desaparecido.

Lo cierto en todo esto es que las señales están claras y a juzgar por las apariencias (solamente estamos viendo el juego desde las gradas), existe armonía y una perfecta coordinación entre el manager del equipo (el presidente de la República) y el pícher que está supuesto a lanzar los nueve innings (el secretario de medio ambiente). Por eso le acaba de tirar esta bola caliente y ojalá que no la apare con las manos peladas.