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Cada vez que llueve… La deforestación no es único daño que se le puede hacer al ambiente

Cada vez que llueve es lo mismo: Santo Domingo se anega, hay “damnificados” que quieren su apartamentico regalado por el gobierno y otros que de verdad quedan maltratados por las aguas; los que pueden toman caldos, llenan los moteles y hasta los más insensibles añoran un “acurrucao”…

Ver los ríos con mucha agua me recuerda, como he dicho antes, que importantes ecologistas e historiadores creen la obra más importante de Balaguer fue el cierre de los aserraderos y su defensa de los bosques dominicanos. Quizás es una manera de restarle mérito a todo lo demás que hizo, pero indudablemente su defensa al medio ambiente, particularmente de los menguados recursos forestales, fue determinante para detener la acelerada degradación de la tierra cultivable y de los ríos.

Hubo una época en que la principal exportación dominicana era la madera. Los cortes estaban en bosques próximos a los lugares de embarque. La riqueza que producían era tan inmensa, que el papá de Buenaventura Báez amasó una de las más sólidas fortunas del país en gran parte debido a los embarques de caoba cortada en Sajanoa, cerca de Azua.

Cuando venían piratas ingleses, aparte de llevarse oro y cañones, se llevaban las mejores tablas de caoba. En Londres, en uno de los palacios reales, hay una mesa larguísima hecha con una sola pieza de caoba, tan larga y sólida que es un asombro. Pero la deforestación no es el único daño que se le puede hacer al ambiente. Otro ejemplo del daño que el abuso al medio ambiente puede causar es el estado de putrefacción permanente de los ríos Ozama, Isabela y Haina, los tres que rodean la capital. Desde siempre vienen anunciándose planes y proyectos para limpiarlos o sanearlos, pero la simple realidad es que nunca dejarán de ser unas cloacas abiertas a menos que se dejen de usar como tales. En vez de limpiar el río, evitemos que se siga tirando basura o vertiendo en él desperdicios de casas e industrias.

Pocas ciudades del mundo gozan del privilegio de estar abrazadas por tres ríos como el Isabela, el Ozama y el Haina, y es hora de que se promueva su resurrección. Estos ríos no pueden seguir siendo cloacas. Lo que hizo Balaguer cerrando los aserraderos debe hacerse hoy con igual buen tino para que nuestros ríos no terminen como los de Haití.

Por: José Báez Guerero
Vía: Hoy