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Al rescate de un zumbadorcito extraviado (II)

El mismo día en que apareció el primer artículo de esta serie (4-6-12), Melli no regresó en toda la tarde, ni vino a la hora acostumbrada (6:30 a.m.) a la mañana siguiente. ¿Qué le habría pasado? No lo sabremos nunca, pero no es necesariamente una mala noticia. Tal vez ya aprendió a buscar su comida de manera natural y no necesita ser alimentada artificialmente.

¿Habrá sido víctima de algún depredador? Lo extraño es que desapareció a plena luz del día, cuando son menos vulnerables. Aunque son diminutos, en su pequeñez reside su fortaleza. Resultan invisibles para la mayoría de los depredadores. Además, la eficiencia de su vuelo les permite burlarse hasta del viento. Por eso lucen tan confiados y no les atemoriza la presencia de animales grandes a su alrededor, ni siquiera la del hombre. Los únicos animales que a veces lo asediaban eran los machos de su propia especie, que revoloteaban sobre Melli moviendo la cola hacia arriba y hacia abajo y con intenciones evidentes de acoso sexual. Ante la arremetida, Melli adoptaba la postura que adoptan los polluelos cuando la madre los alimenta: movía las alitas y abría el pico como pidiendo comida. Es una conducta que también refleja sumisión e inhibe la conducta agresiva de los adultos. En lenguaje humano sería algo así como «no me ataques, ¿no ves que soy un bebé?». «Apichonarse» lo llaman en RD, pues es una conducta que se observa también en nuestra especie. En algunas ocasiones, el acoso era tal que tenía que intervenir. No es recomendable interferir en los procesos naturales, pero no creo que pueda calificarse como tal la difícil situación por la que atraviesa Melli, lejos de su madre y sin su dieta natural.

Al principio Melli enfrentó una amenaza de otro tipo. La cigüita común o pinchita (Coereba flaveola) le bebía su alimento. Lo resolví poniendo bebederos para las cigúitas y cambiando el bebedero de Melli a otro árbol. Aunque los zumbadores beben el equivalente a su peso diario (Melli pesa 2.4 g), las cigüitas son más numerosas y más glotonas.

Debo aclarar que no sé si Melli es macho o hembra. En su especie, las hembras, además de ser más grandes, tienen manchitas blancas en la punta de las plumas de la cola. Los machos son más pequeños, más oscuros y no tienen esas manchitas en la cola. Pero resulta que cuando son juveniles todos parecen hembras. Más tarde (no se sabe cuándo) los sexos se definen y aparecen los rasgos sexuales secundarios.

Son las 11:30 AM. y Melli no ha regresado. De todos modos le dejo líquido en el bebedero. Pero no he terminado de hacerlo cuando oigo un zumbido que se acerca. Melli, inesperadamente, ha vuelto. Desde entonces viene regularmente. En todo lo que he leído sobre colibríes no he encontrado explicación a esta desaparición súbita por casi 20 horas. Es indudable que Melli y yo no leemos los mismos libros. Ya lo he visto intentando libar el néctar de las flores y atrapando insectos en el aire, única forma en que pueden atraparlos, por tener la mandíbula inferior más corta que la superior.

Dentro de 10 días se cumplirá un mes de la llegada de Melli a mi jardín. Espero que en poco tiempo ya habrá adquirido las habilidades necesarias y podrá enfrentar con éxito «el juego arriesgado y hermoso de la vida.»

Por: Simón Guerrero
guerrero.simon@gmail.com
Vía: Diario Libre 

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