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Se busca plan B para Cancún

Cumbre España debatirá sobre cambios del clima

Al parecer ya está claro que de la conferencia de Cancún en noviembre no saldrá un documento por el que todos los países se obliguen a reducir sus emisiones para evitar el calentamiento global. Se busca un plan B.

El camino hacia la Cumbre de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 16) en Cancún a finales de noviembre pasa por innumerables conferencias preparatorias, una de las cuales tiene lugar esta semana en Bonn. “Lo que está en juego no es otra cosa que el futuro sustentable de la humanidad”, declaró ante representantes de 180 países la nueva jefa de la Secretaría de Medio Ambiente de Naciones Unidas, la costarricense Christiana Figueres.

En la danesa Copenhague, en diciembre de 2009, los países participantes no lograron ponerse de acuerdo en un documento que suceda al Tratado de Kyoto para regular y reducir las emisiones de CO2, causantes del cambio climático. La tendencia que desde ya se vislumbra es que de Cancún no cabe esperar demasiado; que de México salga un documento definitivo y vinculante que regule las emisiones a escala internacional es una ilusión.

Klaus Töpfer, ex director del programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas, evita denominar desde ya ese encuentro de “fracaso”. Prefiere verlo como un aporte a la conciencia de los países desarrollados y las economías emergentes, los principales actores de este acuerdo.

Para frenar el calentamiento global. “es importante negociar, pero esto no puede reemplazar la acción”, declaró Töpfer en entrevista concedida a la radio alemana Deutschlandfunk. “Actuar es importante por motivos ecológicos y económicos, hay que desarrollar nuevas tecnologías y no hay que esperar a que otros comiencen”, añadió, recalcando que lo contrario –la dependencia de la importación de combustibles fósiles, de aceite mineral y de gas- a la larga será más caro.

Nadie se mueve
El magro resultado del encuentro de diciembre -el Acuerdo de Copenhague que establece ciertos criterios para reducción de emisiones con caracter voluntario, firmado entre tanto por más de cien países pero que no establece medidas concretas- puso de manifiesto que será muy difícil lograr un sustituto para el Protocolo de Kyoto: éste puso límites, entre 2008 y 2012, a las emisiones de 40 países industrializados. Ni Estados Unidos ni China se sometieron a su regulación. Ahora la pelota se juega sobre todo en el campo de las economías emergentes, como Brasil, China, India (que junto a Rusia son conocidos por la sigla BRIC) que no quieren frenar su desarrollo económico.

La falta de condiciones y de seguridades de transferencia de fondos de los países desarrollados hacia estos países y hacia las naciones en desarrollo es en opinión de los BRIC el principal impedimiento para un acuerdo. Según Jairam Ramesh, ministro de Medioambiente de India, “todos somos un poco más sabios después de Copenhague, nuestras expectativas para Cancún son realistas, no podemos esperar ningún milagro». En su opinión, los países han fallado a la hora de cumplir con sus promesas de financiamiento rápido por 30.000 millones de dólares para programas de reducción de emisiones en países pobres.

Tampoco los europeos quieren dar un paso adelante unilateralmente: la propuesta de los ministros de Medio Ambiente de Alemania, Francia y Gran Bretaña en cuanto a reducir, en el ámbito de la Unión Europea, no un 20 por ciento de las emisiones hasta el año 2020, sino un 30 por ciento, no ha tenido un eco positivo. La canciller alemana, Angela Merkel, advirtió que apoyaría este ambicioso objetivo sólo si no representa una desventaja para la industria alemana. Es decir, si los otros también reducen.

Un fracaso para Obama
Por otro lado, el fracaso de la nueva regulación de emisiones en Estados Unidos –una promesa de campaña hecha por el presidente Barack Obama- ha acabado por echar por tierra la ilusión de que en Cancún se pueda lograr un avance sustancial. La ley habría obligado a los consorcios energéticos y a las industrias a una mayor eficiencia energética y a aumentar su porcentaje de energías renovables. “Esto tendrá fatales consecuencias en el comportamiento de los países emergentes”, declaró Stefan Krug, director de Greenpeace Berlín, a Spiegel online.

Como fuere, queda claro desde ya que “no cabe esperar una rotura de los diques”, dice Töpfer, refiriéndose a un deseable documento que regule a partir del 2012 las emisiones, limitando el calentamiento global a menos de 2 grados Celsius. De lo que se trata ahora, al parecer, es de lograr un mínimo de consenso para un mucho más modesto plan B: éste podría tener la forma de una prolongación del Tratado de Kyoto por unos dos años. 

Via: Noticia Ambientales Internacionales

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