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RD tiene un museo viviente con reliquias naturales únicas

eleuterio-martinez-mini1¿Qué hace la Fundación Loma Quita Espuela para conservar una de las mejores muestras del bosque nublado que existe en la República Dominicana, hogar natural del Solenodon paradoxus, un mamífero único en el mundo y un fósil viviente en franca vía de extinción?

¿Cree usted que en República Dominicana existan árboles milenarios? ¿Le parecería una exageración afirmar que todavía existe un rinconcito de patria cubierto por bosques vírgenes, o que al menos no han sido tocados en los últimos 500 años?, ¿Alguien podría imaginarse una floresta impresionante dominada por árboles de alto fuste, elevándose arrogantemente hacia el cielo en medio de la vegetación intermedia y donde no queda un espacio libre, pues la vida es tan abundante que hasta en las ramas, en el tallo y la corteza se desarrollan bromelias multicolores, orquídeas de todos los tamaños y formas sugerentes, líquenes moteados, hepáticas que solo viven bajo un manto de humedad, musgos mullidos cual terciopelo y helechos que crecen en la tierra y hasta en medio de las ramas que se bifurcan a grandes alturas sobre el suelo? 
Le damos el beneficio de la duda, pero este es el ambiente que reina en la ‘‘Reserva Científica de Quita Espuela’’. Todo ser humano lleva en sus adentros, como si lo hubiese heredado desde las mismas entrañas de su madre, un anhelo por conocer y pasearse en medio de una selva vírgen, percibir directamente las fuerzas que se desprenden con la misma energía puesta por el Creador en su obra maestra de la Creación: la naturaleza. De hecho, esas son reminiscencias que nuestra esencia conserva desde sus orígenes, pero casi siempre llegamos al final de la existencia sin haber satisfecho esa humana aspiración, porque estos ambientes ya han desaparecido casi en todas partes. 
Debe ser un orgullo para los dominicanos saber que todavía nos queda un poquito de lo original que Dios puso en estas tierras y le confieso que cada vez que nos internamos en la intimidad de sus bosques, cuando vemos al copey o al higo estrangulando a un balatá o a un nisperillo, cuando nos detenemos a escuchar el canto del julián chiví, la cotorra o la paloma turca, o simplemente escuchamos el silencio sonoro reinante bajo la cortina verde que como un manto nos envuelve, sentimos que antes de ese instante no hemos vivido, que acabamos de despertar o que estamos partiendo de cero radical, pues abrimos la puerta a una nueva vida. Invitamos a los lectores del LISTIN DIARIO y a todos los dominicanos a conocer esta reliquia de la naturaleza enclavada en la porción oriental de la Cordillera Septentrional y que está al cuidado de la ‘‘Fundación Loma Quita Espuela’’, la cual lleva 10 años cumpliendo esta sagrada misión, uno de los casos más exitosos del comanejo (sociedad civil – Estado dominicano) y un ejemplo de que ‘‘si se puede’’ cuando la voluntad de servicio se impone ante cualquier interés particular.

UNA RESERVA DE AGUA

Pero Quita Espuela no solamente es una ‘‘reserva científica’’ donde la naturaleza atesora secretos que aún los académicos o los especialistas no alcanzan a descifrar, sino que estas montañas hermosamente acolchadas por una alfombra verde ininterrumpida de casi 50 kilómetros cuadrados, es ante todo, una ‘‘reserva de agua’’, en vista de la gran cantidad de manantiales que escurren las lágrimas de alegría que depositan permanentemente las nubes que son impulsadas por los vientos alisios del nordeste (para formar el bosque nublado), las cuales acarician suavemente las sinuosidades orográficas de estas primeras elevaciones de la Cordillera Septentrional, que se oponen resueltamente a su paso y por lo tanto, entran en contacto con los árboles que automáticamente se convierten en trampas naturales que recogen y escurren el vapor de agua que ellas cargan. 
En otras palabras, cada árbol en pie es una fuente natural de agua que condensa o que más bien le sustrae directamente el agua a las nubes con sus ramas, con sus hojas, con el tallo, con su copa y todo su cuerpo, para luego escurrirla gota a gota o simplemente dejar que la humedad se deslice suavemente através de su tallo hasta tocar el suelo, donde las raíces se encargan de hacer el trabajo siguiente; obligar a que el agua recogida por cada planta no se pierda con la escorrentía superficial, sino facilitar su infiltración hasta recargar las fuentes subterráneas y obligarlas a drenar el excedente por los cientos y cientos de manatiales que brotan como por encanto por la ladera Norte, alimentando los ríos El Capacito, El Valle y Los Morones que desembocan en el río Boba, mientras por el Sur alimentan los ríos Cuaba y Nagua. 
Es un fenómeno climático-vegetal que bien merece la pena estudiar con detenimiento, pues la asociación es aún más compleja si observamos que en el mismo espacio geográfico, concurre la formación del bosque pluvial, es decir, en las lomas de La Canela, Loma Vieja y Quita Espuela, además del bosque nublado (donde un manto de nubes recubre sus cimas), también existe o se presenta el bosque pluvial, donde las precipitaciones se prolongan hasta por 280 días al año, con nueve meses seguidos de lluvias para formar uno de los abrigos boscosos más impresionantes que existen en la isla de Santo Domingo desde los tiempos precolombinos.

UNA RIQUEZA INVALUABLE

Pero vamos por parte. Esta área protegida con 74 kilómetros de extensión, tiene una riqueza florística evaluada en 639 especies de plantas, de las cuales 540 son espermatofitas (con estructuras sexuales definidas) y 99 son pteridofitas (helechos). Se destacan por su singularidad y su exclusividad (endemismo), los árboles de las especies Tabebuia ricardii o Palo de vela (descubierta hace algunos años por Ricardo García y por lo tanto lleva su nombre), la Mora abbottii o Cola (quizás la más popular por su distribución tan restringida en el país, pero bastante abundante dentro de esta reserva), así como las palmeras igualmente endémicas: Catey (Bactris plumeriana), Palma Real (Roystonea hispaniolana), Cana (Sabal umbraculifera) y el Guanito (Coccothrinax montana). 
La fauna silvestre está debidamente representada por 24 especies de insectos, entre ellos una mariposa conocida como Greta diafana quisqueya, reportada por Albert Schwartz en 1982 en su famoso libro ‘‘The Butterflies of Hispaniola’’ (es endémica de la isla y tiene su hábitat precisamente en bosque pluvial de esta área protegida). Tiene asimismo, 9 especies de peces, entre ellos la Anguilla rostrata (único especimen de la familia Anguillidae reportada en la región del Caribe), una especie marina que sale del Océano Atlántico para penetrar en el río Boba y escalar aguas arriba hasta elevarse a las montañas para irle a contar el secreto de las profundidades de los mares a sus compañeras que habitan en las aguas de las cumbres cordilleranas. Otras especies de peces, endémicos algunos, también encuentran refugio y protección dentro de la reserva científica. 
Por otro lado, también se han reportado 9 espcies de anfibios, siete de los cuales son endémicos (únicos en el mundo), siendo los más abundantes los sapitos Eleutherodactylus abbotti y E. flavescens y el lagarto más distinguido (del grupo de los reptiles), el Anolis christophei, el cual presenta una población única (pero muy bien representada) para la zona de Quita Espuela, alcanzando su mayor abundancia en la hojarsca del bosque pluvial intacto (vale decir, intocado) que va desde la Loma La Canela hasta el mismo firme de Quita Espuela (985 metros sobre el nivel del mar). Los reptiles en su conjunto están representados por 18 especies, 13 de las cuales son endémicas. 
La avifauna de la Reserva Científica de Quita Espuela, por su lado, tiene 58 especies, con un 40% de endemismo, uno de los casos más impresionantes que existen en las zonas cordilleranas del país, incluso muy superior a la Reserva Científica de Ebano Verde y el Parque Nacional Nalga de Maco, donde los estudios ornitológicos muestran una gran diversidad y endemismo para este grupo animal que tanto valoramos los seres humanos. Más valioso aún es el papel que desempeña esta área protegida al brindarle albergue a la paloma morada (Columba squamosa), gravemente amenazada en toda la isla, al igual que otras 12 especies de aves más con diferentes grados de amenaza y que aquí tienen un refugio asegurado. Los mamíferos están representados por seis especies, donde el Solenodonte (Solenodon paradoxus) y la Jutía (Plagiodontia aedium), son las dos especies estrellas entre las tres endémicas presentes en la reserva.

Protección de la Reserva

Esta área protegida creada por el decreto 82-92, fue encomendada para su protección y manejo a la ‘‘Fundación Loma Quita Espuela’’ que se había creado para tales fines dos años antes (22 de marzo de 1990), recibiendo el beneficio de la incorporación el 17 de septiembre del mismo año. Esta institución sin fines de lucro fue conformada por distinguidas personalidades de la sociedad francomacorisana, entre las que cuenta el fenecido y pasado presidente Alfonso Moreno Martínez, quien en vida asumió la responsabilidad de proteger esta reserva con el mismo entusiamo y entrega con que lo hacía con sus empresas del grupo Helados Bon. 
Y aunque muchas veces este tipo de compromiso de carácter altruista no se heredan, su hijo mayor, Jesús Moreno, ha tenido que transitar los pasos de su progenitor, para bien del país que encuentra en este joven empresario (al cual no tenemos el honor de conocer), un nuevo estilo y una forma idónea de servir o devolverle a la sociedad parte de los beneficios que de ella recibe. Pero además de Helados Bon, la Reserva Científica de Quita Espuela ha recibido la colaboración oportuna del Banco Gerencial y Fiduciario, la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, el Servicio Alemán de Cooperación Social y Técnica (DED) y la Fundación Suiza HELVETAS, entre otras. 
Este es un ejemplo exitoso de lo que modernamente se denomina el co-manejo, donde el Estado Dominicano, representado en este caso por la Dirección Nacional de Parques, establece un convenio para las labores de protección y administración de un área protegida con un entidad civil o no gubernamental, como lo es la Fundación Loma Quita Espuela. Son 10 años de labor ininterrumpida que está cumpliendo esta entidad no lucrativa, en favor de esta unidad de conservación del Sistema Nacional de areas Silvestre Protegidas. 
En tan feliz ocasión, no podemos dejar pasar la oportunidad de felicitar a Víctor Almanzar, actual director ejecutivo de la fundación y un técnico a tiempo completo desde el mismo momento en que se creó la reserva. Su tesis de grado sobre la caracterización del bosque nublado de la loma Quita Espuela fue uno de los primeros aportes que se hicieron para dar a conocer el valor estraordinario de este ecosistema tan peculiar que acabamos de describirle suscintamente. También es oportuna la ocasión para reconocer la labor desempeñada por José Enrique Báez y Porfirio Lantigua, dos técnicos que hicieron excelentes aportes al manejo y conservación de esta reserva. 
Nos complace mencionar también la labor incansable del equipo técnico del Jardín Botánico Nacional, quien ha hecho los mayores aportes para conocer la riqueza florística de esta unidad de conservación. Igual mérito comparten los técnicos del Departamento de Vida Silvestre que trabajó con detenimiento y competencia los distintos componentes faunísticos de la reserva. Para hacer justicia también debemos reconocer la labor incansable e invaluable de Johannes Hager, asesor científico de la fundación y quien dirigió buena parte de las jornadas de investigación en compañía de Santo Navarro, Ramón Ovidio, Rosa González, Jackeline Salazar y Brígido Peguero entre otros.

Una espinita

!Que bello sería el mundo si el diablo no metiera la cola en todo! Ahora sucede que se acaba de instalar un aserradero en la orilla de la reserva, bajo el alegato de elaborar la madera muerta que derribó el Huracán Georges. Si nosotros fuéramos chinos puede ser que creyéramos ese cuento, pero sucede que las brisitas de este ciclón, que pasó muy lejos de allí, apenas tumbó una cuantas matas de plátanos en el valle, no en la Cordillera Septentrional. 
Entonces, ¿cómo es eso de que se va a aserrar la madera muerta derribada por el ciclón? Las personas que estamos ligadas al quehacer forestal del país, sabemos que históricamente esta es una zona de tráfico ilegal de madera, que durante mucho tiempo la antigua Dirección General Forestal mantuvo operando aserraderos con sinfin en las lomas de Los Memisos y el Papayo, en la parte más oriental de esta reserva y de que por la vía de Naranjo Dulce, nunca se ha detenido por completo, el transporte de productos del bosque, en particular de madera preciosa que más tarde, de una u otra forma, entra al mercado.

 
Además, vamos a suponer que es cierto, que el ciclón Georges tumbó varios árboles, incluso en cantidades aprovechables económicamente. Aún bajo estas circunstancias, no se puede autorizar la operación de aserraderos porque la función de una reserva científica es precisamente registrar estos eventos de la naturaleza que vienen a formar parte de los procesos naturales del ecosistema que representa. Para que la evolución sea quien marque las pautas a seguir en un bosque con especímenes milenarios o varias veces centenarios (que es mucho decir con los niveles de deforestación que se han dado en el país), hay que salvaguardar estos recintos de la naturaleza que una vez arruinados, no hay forma de reconstruirlos. 
Aunque el permiso provenga de una institución oficial competente, la Fundación Loma Quita Espuela no puede permitir que en su área de influencia se instale un aserradero y mucho menos que se saque madera muerta (que casi nunca está muerta en realidad) de la reserva, sea cual fuese la motivación o los argumentos que se utilicen para justificar tales operaciones. ¡Vamos a ver si la sensatez se impone y no se le hecha un pelo al sancocho!

Por Eleuterio Martínez 
Publicado originalmente en el Listin Diario del 13 de Junio 2000

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