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Primero en devastar

La República Dominicana figura entre las naciones más amenazadas por el cambio climático. Se pronostican sequías, huracanes devastadores y, más dramático aún, que vastas porciones de nuestro territorio podrían quedar sumergidas debido a la elevación del nivel del mar. Hay que reconocer, sin embargo, que tenemos además nuestro propio proceso de deterioro ambiental, en marcha desde antes de que el calentamiento global capturara la atención mundial.

Hace 13 años, en un documental sobre asuntos ecológicos, Al Gore, quien fuera vicepresidente de los EE.UU. durante ocho años, mencionó el contraste entre la cobertura forestal de Haití y República Dominicana. En una imagen tomada por un satélite, la frontera entre ambos países podía distinguirse fácilmente, siendo el terreno color marrón del lado oeste, y verde en el este.

A pesar de todas las advertencias acerca de sus consecuencias, persiste el hábito en Haití de cortar árboles para hacer carbón. Hace cuarenta años, un estudio financiado por la AID estadounidense describió como “apocalipsis ambiental” el destino hacia el cual Haití estaba avanzando. Fotografías aéreas tomadas desde mediados de los 1950 mostraban de forma inequívoca su progresiva desertificación.

El contraste fronterizo presentado en el documental antes mencionado no lo es ya tanto. Los inmigrantes haitianos que no se radican en nuestras ciudades, predominan ya en varias zonas del país, trayendo consigo sus costumbres y estilos de vida, entre los que están sus prácticas de cultivo y su empleo del carbón. Y a eso se suma el envío hacia Haití de carbón elaborado con árboles dominicanos.

Es posible, por lo tanto, que no tengamos que preocuparnos mucho por los efectos a mediano plazo del cambio climático, incluyendo la eventual inundación de partes del territorio nacional. Luce probable que el desastre ecológico causado por la deforestación, incluyendo la escasez de agua, nos elimine antes de que el mar nos arrope.

Diario Libre