En 1998 subí junto a Manuel Guerrero a la cordillera Central y estuvimos en las proximidades del nacimiento de los ríos Ocoa, Nizao y Las Cuevas –con sus afluentes– y nos alarmamos al ver cómo canalizaban con tuberías las aguas desde esas alturas hacia fincas hortícolas y frutales, limitando las escorrentías naturales que son vitales para la vida del bosque.

En esa ocasión publiqué en El Caribe un reportaje detallado con descripción y fotografías que constituían una advertencia del daño terrible que se estaba haciendo a los manantiales iniciales de estos ríos y el peligro que constituía para asegurar agua para las cuatro represas de su cuenca.

Veinticinco años después, esa cuenca alta está en serio peligro de destrucción y el caudal del río se ha reducido al equivalente de un arroyo.

Gran cantidad de arroyos y ríos tributarios del Nizao han visto destruir sus micro cuencas por finqueros que han talado el bosque para sembrar aguacate, reduciendo considerablemente la vida de los manantiales, y represando para uso particular la poca agua que antes entraba a las represas.

Desde Los Limoncillos, La Estrechura, Monte Negro, Los Quemados, Banilejo, Las Avispas, La Cienaguita, El Higuito, Los Macos, El Callejón de Nizao, Las Auyamas, Tatón, La Lagunita, Los Peña hasta Palo de Caja, donde está la presa de Jagüey, los afluentes del Nizao en lugar de bosques tienen fincas con alto consumo de agua y con eliminación de los demás árboles.

Es realidad provoca que cuando hay precipitaciones fuertes, la cuenca no retenga agua y por el contrario, los arrastres violentos sedimenten los lagos y en poco tiempo el río vuelve a languidecer porque las fuentes están expuestas a la evaporación y el suelo traga más rápido.

Soluciones

Si el presidente Abinader quiere sentar las bases para solucionar la pobre capacidad y gestión del almacenamiento del agua, debe adoptar una decisión de Estado para proteger las cuencas de los ríos desde su nacimiento hasta los lagos de las hidroeléctricas.

Asumir, además, un agresivo programa de reforestación de las cuencas altas con especies nativas de cada zona como lo sugirió el ingeniero José Luna Castellanos en el año 1944 después de explorar el nacimiento de los ríos más importantes que nacen en la cordillera Central, adonde fue enviado por instrucciones de Trujillo.

Adquirir dragas y disponer de personal técnico para asumir la limpieza de todos los lagos de las presas, lo que equivale a duplicar la capacidad de almacenamiento de hoy a la vez que se aprovechan los materiales para la construcción de obras viales y edificaciones a cargo del Estado.

Tecnificar el riego para ahorrar agua y ampliar la capacidad productiva, llevando el adiestramiento técnico a los productores para avanzar a una agricultura que aproveche los avances tecnológicos y la Inteligencia Artificial.

Esperar que llueva para turbinar agua, llevarla a los acueductos, irrigar la tierra y alimentar el ganado es muy fácil.

Proteger el bosque, reforestar cuencas altas y evitar que los finqueros de aguacate se apropien de un recurso vital para toda la sociedad, requiere la intervención de un estadista, de un líder visionario y dispuesto a poner orden en este desordenado país.