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Más trabajador que una cigua palmera

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SD. ¿No habían oído la expresión? Yo tampoco. Me la acabo de inventar. Pero es una pena que no existiera antes, porque es un rasgo distintivo de nuestra «Ave Nacional». Es algo tan característico de la especie que aparece hasta en su nombre científico: Dulus es una raíz griega que significa «esclavo», porque los primeros naturalistas que la observaron notaron que se pasa la mayor parte del tiempo trabajando, cargando palitos (a veces de más de un metro de largo) para reparar su singular nido. Una estructura enorme construida la mayoría de las veces en el cogollo de una palma real, que es un nido comunal que aloja a varias parejas y una rareza entre las aves. Sólo tres especies en el mundo construyen nidos así: el tejedor social de África, el perico monje de Sudamérica y nuestra cigua palmera.

Son muchas las conductas de la cigua palmera dignas de ser imitadas por sus compatriotas humanos. Lamentablemente, casi nadie las conoce, porque aunque es un ave abundante y notoria, (no está «en peligro de extinción» quizás porque es muy adaptable) todo en torno a ella es un misterio. Comenzando por la familia a la que pertenece, que no parece estar relacionada con ninguna familia de la región sino con la familia Bombycillidae, que vive en el norte.

Sus conductas reproductivas son poco conocidas. De hecho, lo poco que sé al respecto lo aprendí observando en el patio de mi casa a una pequeña colonia en cautiverio.

Ha sido poco estudiada por la inaccesibilidad de su peculiar nido, que es una fortaleza inexpugnable, protegida de los depredadores aéreos (Guaraguao, cernícalo, lechuzas) por su cerrada estructura de palitos que impiden el acceso al interior, y de los depredadores terrestres (ratas, culebras, humanos) por la altura de las palmas y su superficie resbaladiza. Pero esto hace también muy difícil el trabajo de los investigadores. Además, las ciguas siempre escogen palmas aisladas de otros árboles y sólo se llega al nido trepando por el tronco.

Que el macho no se distinga de la hembra a simple vista dificulta estudiarlos. Cuando los observé en cautiverio, aunque el nido estaba a solo 8 pies, era tan inaccesible como uno natural, lo que me impidió, por ej., determinar el tiempo de incubación ya que era prácticamente imposible acceder al interior del nido sin destruirlo y arañarse los brazos.

De todos modos aprendí varias cosas interesantes. Macho y hembra participan en la construcción del nido y en la alimentación de los polluelos. Son los machos los que sacan del nido los «sacos fecales», unas «bolsitas» que envuelven las heces de los polluelos. A los 3 meses de nacidos ya participan en la reconstrucción del nido. O sea, que empiezan a trabajar muy jóvenes. Las ciguas palmeras son muy «hospitalarias» incluso con los extranjeros; permiten a los chinchilines (Quiscallus niger) que son nativos, anidar sobre su nido; pero no les importa compartir las palmas con el Madame Sagá (Ploceus cucullatus), que es africano.

Son muy solidarias y cuando un miembro de la bandada grita porque está en peligro, todas acuden en su auxilio. Anidan en palmas, pero si no hay palmas escogen cualquier otro árbol e incluso postes de luz. Como buena dominicana, «cuando no se puede apiá, se jondea».

Es mucho lo que podemos aprender de las ciguas palmeras. Son, si se nos consiente el antropomorfismo, padres trabajadores y responsables, solidarios con sus congéneres y hospitalarios y tolerantes con los extraños.

guerrero.simon@gmail.com

Vía: Diario Libre

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