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La ética de las lechuzas sin cédulas

La ética de las lechuzas sin cédulas

Si alguien oye nombrar a las lechuzas de seguro no tienen duda de que se trata de un ave nocturna que caza ratones y que en la imaginería popular dominicana es bien fea. Por tales consideraciones el mote de lechuza se les da a todas las mujeres que bajo el patriarcado isleño no se distingue por su belleza. Nombrar da una consideración crítica y por ende una interpretación discursiva que te lleva de inmediato a lo espacial, contextual, a la temporalidad, lo estético y a lo político.

La construcción del nombrar da paso a un desplazamiento filosófico, temático y paradigmático. No hay duda entonces que la naturaleza puede ser analizada bajo el común denominador del mundo de las ideas y de las interpretaciones que todos /as las occidentales llaman filosofía política y de los no tan nuevos entronques del “pensamiento verde” o ecologista. ¿Y qué tienen que ver las lechuzas Cara Ceniza con lo político?, a decir verdad vislumbran un común denominador el poder antropocéntrico de la decisión y de la imposición de un modelo que contribuye  a un manejo particular de esa “naturaleza” que está en crisis dentro del marco de la modernidad.

Modelo que lejos de no maniobrar impone una marca que justifica bajo los protocolos occidentales, la clave que el sistema social acepta como buena y valida: la racionalidad, una ética particular, la autoridad y las conexiones con los estamentos del poder que se auto descubren por sí mismo con los olvidos, el aparente mal manejo de la información, la no mala fe, las disputas, los compadres, los sacrificios de las lechuzas,  el uso de la fuerza militar para imponerse en un sitio que “se sabe o supone saber” estar conectado con los enjambres del poder del otro.

No se necesita de un abordamiento arqueológico sistemático para intentar interpretar a la luz de la ecología política, lo que paso con la desaparición de 24 lechuzas Cara Ceniza (Tyto glaucops) y de otras. Las descripciones no dejan de ser kafkianas eran 31 lechuzas Cara Ceniza, 4 lechuzas común (Tyto alba) 2 Cucus (Athene cunicularia) y 7 lechuzas Sabaneras (Asio flammeus). En total se encontraron en las jaulas en ruinas de “un proyecto abandonado a su suerte”, según  las autoridades del Parque Zoológico Nacional, unas 44 aves.

Que infiere el olor de lo que acontece, las ruinas de las jaulas, el traslado de las aves para dar espacio a los nuevos proyectos de conservación de “cotorras” y el juicio de la decisión. A mi humilde entender se centro en el espejismo de la lucha de poder y de una manera particular de ver y hacer las cosas públicas.

Las autoridades del zoológico con ojos obnubilados por un modelo antropocéntrico e ideología hegeliana sobre la racionalidad, dispusieron de la “naturaleza protegida” entiéndase en este caso las lechuzas asumiendo el punto de vista del sentido utilitario de “necesidad”. Por tal razón no les interesaban los resultados, ni el destino de las lechuzas Cara Ceniza. No fue objeto de interés, la particularidad del endemismo y la vulnerabilidad de la especie, todo lo contrario, primaron los recelos, resentimientos y la falta de experiencia para dirigir la institución. El resultado fue el deceso de las aves.

De ahí que el traslado no fue más que un simulacro. Ya por eso el “lugar” se toma como variable independiente para definir lo que todos/as conocemos como la ilusión del poder. Así mismo el “arreglo de las jaulas” no es otra cosa más que la simulación que tapona la verdadera acción, la recuperación del lugar que el otro tiene y que yo añoro, deseo y ambicionó. No bastan las extensiones territoriales, ni los títulos o abolengos, como bien dice Freud, lo que no tengo es lo que me importa.   

Lo deseado para cualquier especialista o lego era asumir con paciencia la espera e iniciar las obras (nuevas jaulas) sin molestar a las madres lechuzas que empollaban, ni a los jóvenes que emplumaban. Quizás la espera era la estrategia, a fin de evitar que no se lastimaran o murieran las lechuzas en caso de un necesario traslado.

Las acciones y las decisiones se tomaron a partir de un modelo conceptual que se apoya en el utilitarismo y la conciencia de la autodeterminación de las circunstancias. Más allá de mis posibilidades no sé, ni sabré jamás, si realmente 11 lechuzas fueron liberadas y verdaderamente 7 vuelven al hogar que la vio crecer. No soy veterinaria, pero entiendo que el proceso de liberación animal es muy delicado sobre todo cuando estas nacen en cautiverio y nunca han vivido en libertad.

Lo que paso con estas lechuzas dicen los/as campesinos/as de estos lares “nada más lo saben ellas”, pues quienes se tomaron la potestad de cuidarla, no tuvieron miramiento en meterla en jaulas inadecuadas, no atenderla apropiadamente y no disponer de un personal especializado en el manejo de especies tan delicadas en el trato. Tales circunstancias me obligan a no guardar distancia, porque los errores y la negligencia en el manejo de estas aves llevaron a que 7 murieran en el traslado (supuestamente) y 6 fueran sacrificadas. En total, si no pierdo la suma, hay 13 muertas.

Estas lechuzas fueron sacrificadas atendiendo a protocolos establecidos en occidente y liberadas (supuesto no comprobado) siguiendo el mismo patrón del carcelero, “aquí mando yo”.  Las agraviadas fueron las aves por no estar marcada por la palabra, no tener cédula, ni poder. En este marco los filósofos tienen mucho que decir, no están ataviadas (las aves) de la espiritualidad que testifica el alma, ni van para el otro campamento.  El poder se dispone por las palabras y las acciones y si no es posible, en sociedades clasistas se arremete con violencia. Lo acontecido en el zoológico es un pequeño botón de espina que expulso la guasábara y en este contexto fueron las lechuzas Cara Ceniza, los pichones y otras, las perdedoras de una disputa entre partes.

Las autoridades del zoológico tienen el mandato de proteger y conservar la fauna nacional, por lo que deben tomar su propia medicina para dirimir este caso, la aplicación de la Ley 64-00. No hay pruebas que nos muestren que 11 lechuzas fueron liberadas, por tal razón hay 24 lechuzas Cara Ceniza desaparecidas. En lo personal observe en el zoológico 5 lechuzas Cara Ceniza, 1 Cucu, 4 lechuzas comunes y 4 lechuzas sabaneras que no están en el proyecto. Además de una lechuza Cara Ceniza fuera de las jaulas.

Según un biólogo que trabaja en el área, esta era una de las aves liberadas. A decir verdad esto no me aclara nada, pues hasta el más lego sabe que hay lechuzas residentes en el parque zoológico, las cuales no estaban vinculadas con el proyecto. Por lo que las suposiciones dominan este acontecimiento que se entremezcla con la ciencia biológica y los lindes de la política.

El realismo del poder pudo más que los títulos extranjeros, los protocolos internacionales, la ley ambiental y los supuestos paradigmas de conservación y protección. No importan las dimisiones de puestos, las pérdidas de los informes, o “no entrega de los mismos”, los presupuestos mal manejados, las jaulas en mal estado, la apatía en general, en estos lares el juez es el que acciona y tiene la última palabra, así son los ropajes del poder.

Por: Fátima Portorreal

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