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La cultura ambiental del nuevo milenio

 

eleuterio-martinez-mini1La Universidad Autónoma de Santo Domingo crea una base técnica y científica para el estudio, el monitoreo y la conservación del Patrimonio Natural de República Dominicana.

Al día siguiente de la devastación y la desolación en que quedó el país tras el paso del ciclón Georges, es decir, al entrar la tarde del 23 de septiembre de 1998 cuando el río Ozama sepultaba bajo sus aguas a los barrios de La Barquita, Los Tres Brazos, Las Cañitas y las sirenas de los bomberos no paraban de ulular anunciando el desastre y la emergencia en que estaba sumida la capital dominicana y buena parte del país, se echó a correr la noticia de otro evento que pudo haber sido más devastador que el propio Georges: »la presa de cola de la Rosario Dominicana acababa se colapsar y 22 poblados del Cibao Oriental, la agricultura y la ganadería serían sepultadas por la contaminación de los lodos cianurados de la mina de Pueblo Viejo».

Antes de entrar la noche (toda la ciudad estaba a oscuras), el rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en medio de sus afanes para ir en auxilio y poner al servicio de la sociedad dominicana los medios que esta academia tenía en su haber, llamó a la »Comisión Ambiental de la UASD» para que al día siguiente se le rindiera un informe técnico que recogiera los elementos claves de la situación en que quedó inmersa la minera estatal al paso del temido fenómeno climático, el cual apareció publicado inmediatamente como espacio pagado y luego como noticia en los principales medios de comunicación del país, desmontando el temor que razonablemente, aunque sin justificacin, se había apoderado del país y en particular de esta región cibaeña.

Fue la Comisión Ambiental de la UASD la que dio a conocer en términos técnicos la gravedad de la contaminación ambiental provocada por la Falconbridge Dominicana en el entorno de la mina ubicada en el pie de monte de la loma la Peguera. Durante casi toda la década de los años 80 se mantuvo el debate en Bonao y la Sociedad Dominicana sobre aquel informe preparado por los profesores de esta academia y que hablaba del deterioro ambiental y su impacto en las actividades agrícolas y la salud humana en el Verde, El Corte, Loma Frasier y el entorno del Yuna, obligando a esta empresa de capital canadiense a que desplegara mayores esfuerzos en corregir la situación en lugar de hacer desmentidos sin fundamentos técnicos. La presión social generada obligó a la contratación de los servicios de una universidad de Santiago de Los Caballeros para que realizara un estudio de evaluación de impacto, el cual, hasta donde conocemos, no llegó a ninguna instancia oficial para que lo aprobara o le hiciese los reparos pertinentes.

La universidad

De cara a los nuevos tiempos, las universidades no pueden seguir siendo fábricas de técnicos o profesionales inorgánicos al vapor, de productos no cualificados que se colocan en un mercado laboral poco exigente (donde el apellido, el color o el partido tienen más peso que la capacidad), de jóvenes que se hacen adultos en las aulas sin un sentido de patria, y menos aún cuando se trata de la universidad del Estado, que por el rol a que está llamada a desempeñar, por la cantidad de profesionales que permanentemente está aportando a la sociedad y por ser la más grande del país, está en la obligación de ofrecerle una formación integral y lo más completa posible a sus egresados, acompañada de un espíritu crítico y constructivo que luego, al enfrentarse a la realidad de la universidad de la vida, sea capaz de traducirse en los valores y principios éticos que habrán de regir su conducta como persona pública.

Al pisar las gradas del nuevo milenio, necesitamos una universidad que sepa insertar en el quehacer académico la problemática de mayor peso que arropa a la sociedad y en particular, la relacionada con el medio ambiente. Se necesitan profesores que se trasladen al sitio donde se generan los conflictos, para que conozcan las causas y le den una sabia interpretación, para luego ir al aula a enseñar, a educar y a formar con ejemplos vivos y extraídos de la realidad, para que los argumentos y el discurso tengan sentido de futuro. La nueva dialéctica sociedad-naturaleza debe nutrirse de los paradigmas articulados en las aulas a partir de lo que pasa afuera, para que allí pueda gestarse al fin la patria que todos soñamos. Para eso se trabaja en la Comisión Ambiental de la UASD

por Eleuterio Martínez 
Publicado originalmente en el Listín Diario del 14 de Septiembre del 1999