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La Búsqueda del Desarrollo Sostenible

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Uno de los aspectos relevantes de la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en el 1992, a la que asistieron 108 presidentes y jefes de gobiernos, fue el endoso del concepto de desarrollo sostenible, acuñado previamente en el famoso Informe Brundtland del 1987, que en forma resumida clama por un tipo de desarrollo que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de la generaciones futuras de conseguir las suyas. 

A partir de ahí hubo una mejor comprensión de que todas las acciones del hombre impactan el medioambiente, en mayor o menor grado, y que las variables ambientales, económicas y sociales, deben tratarse de manera asociadas si en verdad buscamos minimizar los impactos negativos del desarrollo sobre nuestros ecosistemas. 

Es probable que algunas políticas y regulaciones, así como acciones sencillas que apunten hacia la sostenibilidad puedan diseñarse y ejecutarse por una sola institución, no así cuando se trata de programas o proyectos de campo. En estos casos se requieren actividades y acciones en diferentes disciplinas, que deben entrelazarse en periodos dados para lograr coherencia y eficiencia. 

Aun con las dificultades que podrían encontrarse para ponerse de acuerdo en qué actividades y acciones ejecutar, cómo hacerlas, y hasta acercarse a identificar fuentes de apoyo financiero, todavía aproximado, la complicación mayor surge al momento de determinar quién o a través de quien se ejecutarán las actividades y acciones. 

Como ninguna de las instituciones dominicanas por si sola tiene el mandato y capacidad para ejecutar las actividades ambientales, educativas, productivas, de salud, y quizás de vivienda, infraestructura viales, y otras, en el enfoque tradicional de gestión cada institución ejecuta las cosas a su manera, con poca o ninguna coordinación. 

Para acercarnos al desarrollo sostenible, la ejecución de proyectos en zonas específicas, debería ponerse en manos de un consejo, junta u otra forma colegiada de gestión. Pero la experiencia me dice, que aunque este tipo de estructura exista, siempre se requerirá de una organización, con raíces y credibilidad en la zona del proyecto, y con posibilidades de trascender a los cambios de gobiernos y funcionarios, que juegue un papel preponderante en la coordinación de acciones. En el país hay algunos ejemplos que deben sistematizarse y difundirse.

La promoción del desarrollo sostenible, en forma genérica, tiene hoy en día muchas voces, y necesitamos de ellas. Pero los celos institucionales y muchas veces el clientelismo no nos han permitido avanzar concertando alianzas para que el enfoque se haga realidad en muchos lugares. Con razón en la Cumbre de Desarrollo Sostenible de Johannesburgo, 1992 hubo frustración del poco avance registrado desde la Cumbre de la Tierra. Necesitamos conciliar los discursos con los hechos.

Por: Domingo Marte
Clave Digital