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Gritos del medio ambiente

El país recibe cerca de 21 millones m3/año de lluvia, pero se ha  reducido la disponibilidad de agua útil. En los últimos decenios la destrucción de bosques ha contribuido  significativamente al arrastre de la capa vegetal hacia corrientes de agua, “lavando” terrenos útiles, sedimentando presas o transportando recursos hacia el mar.

El deterioro de las cuencas hídricas se agrava, afectando sensiblemente corrientes de agua, convertidas además en rutas de desperdicios químicos (industriales, agrícolas y pecuarios), sólidos, domésticos y municipales. 

Alrededor de un tercio de la población dominicana vive en Santo Domingo, y cerca del 70% de sus pobladores reside en el  18% de su  territorio. 

La contaminación del suelo contribuye a la del aire, en un país de generadores eléctricos, emanaciones letales de fuentes en movimiento (vehículos), desperdicios sólidos en  cada casa y el nocivo “olor a basura”, que nos expone a riesgos. Compartimos ácidos, cianuros, insecticidas, halógenos, metales pesados, monóxidos, hollín microscópico,  y un menú químico infinito, a niveles muy superiores a los permitidos, produciendo irritación de mucosas y trastornos pulmonares diversos. 

Ruido de plantas; música a niveles extraordinarios, estacionaria y en movimiento; abuso de estridentes bocinas de vehículos, producen fatiga auditiva, traumas acústicos y daños permanentes, con riesgo de sordera. El ruido excesivo, residente en casi todo el país,  contribuye a la ansiedad, interrupción del sueño, agresividad, disminución del rendimiento y mucho más. El equilibrio entre dominicanos y naturaleza está roto. 

Es preciso detener esa tendencia y revertirla. Ríos depredados, daños ecológicos mayores, arrecifes de coral heridos de muerte, especies amenazadas y otras invasoras. 

Los Bajos de Haina, entre las 10 comunidades más contaminadas del planeta, abundantes basureros, amenazas de desastres naturales y climáticos, se unen a la perversidad de los que atentan contra el futuro ambiental criollo. 

Esperanzas cifradas en un funcionario: Jaime David Fernández Mirabal, que ha asumido su papel con valentía y resolución, ha involucrado figuras de reconocida trayectoria pública, comprometiendo proyectos y respaldos. 

Enfrenta intereses de: extractores de material de río, mineras, comerciantes de artesanías de carey; destructores de Los Haitises, pero requiere de una sociedad que respalde acciones, precisa de participación pública, de una conciencia colectiva que se involucre en acciones concretas y que denuncie abusos y reclame. 

Hace falta que se revierta el bajo nivel de información y se apliquen programas de enseñanza en todos los niveles.

POR CÉSAR NICOLÁS PENSON PAULUS  
El Caribe