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El Bandalizmo Amenaza el Parque del Este

eleuterio-martinez-mini1Es lastimoso que un lugar en el que se han encontrado cuatro plazas ceremoniales indígenas e innumerables piezas de gran valor arqueológico, se encuentre abandonado a su suerte».

Así es y bandalismo de la peor clase porque no sólo se trata de arruinar y depredar el »patrimonio natural» tan valioso que posee esta »unidad de conservación», sino su inmenso »patrimonio cultural», quizás la herencia precolombina mejor conservada que le queda a la República Dominicana.
Piezas originales y objetos aún no clasificados están siendo sustraídos por desconocidos en el »Manantial de la Aleta», en uno de los rincones más relevantes del Parque Nacional del Este, para ser vendidos a coleccionistas y ofertarse como souvenir a los turistas que llegan a Bayahibe y otros enclaves turísticos de la Región Este. Todo esto sucede ante el abandono y el descuido que mantiene actualmente la Dirección Nacional de Parques alrededor de este valioso recinto indígena descubierto recientemente.

Fruto de los estudios realizados en este punto del área protegida, a lo largo del año 1997 fueron rescatadas unas 250 piezas que por su originalidad, valor y estado de conservación, constituyen los elementos culturales más valiosos de la prehistoria del Nuevo Mundo descubiertos en las últimas décadas en la Quisqueya de Caonabo, Enriquillo y Anacaona. Estas joyas indígenas fueron entregadas en su totalidad al Museo del Hombre Dominicano, por parte del Patronato Rector del Parque Nacional del Este, tal y como lo establecen las leyes del país.

Hasta aquí toda está muy bien, pero sucede que el caso es más grave aún, pues según el criterio de los especialistas, estos hallazgos apenas dan a conocer la punta del iceberg y estiman que probablemente en el fondo del manantial todavía permanecen tesoros escondidos, con tanto o mayor valor que los rescatados, por lo que es una responsabilidad ineludible del Estado Dominicano garantizar los estudios e investigaciones más completos, para desentrañar las reliquias que todavía yacen bajo el agua y que los aventureros hoy están saqueando.

Todo el país y la comunidad internacional especializada en asuntos arqueológicos fue debidamente informada por el Listín Diario a través de una serie de reportajes publicados entre Mayo y Noviembre de 1997, sobre los »hallazgos indígenas del Manantial de la Aleta», realizados por un equipo de especialistas dominicanos y la Universidad de Indiana de los Estados Unidos, a solicitud del »Patronato Rector del Parque Nacional del Este».

Caso Bayahibe

Las agresiones al entorno e interior del Parque Nacional del Este tienen varios indicadores y puntos de verificación que van desde el flujo incontrolable de visitantes a diferentes ambientes o ecosistemas sumamente frágiles (Bahía de Las Calderas, La Catalinita…), recorridos de lanchas a gran velocidad con motores fuera de borda en su tránsito indetenible entre Bayahibe y Saona, así como por el Paso del Catuano, hasta el establecimiento de estaciones recreativas particulares en Palmillas y Saona, donde los turistas son conducidos por el criterio de los capitanes de las embarcaciones que todo el día se mueven por el litoral sin guías ni ningún otro personal especializado que pueda ilustrar a los visitantes sobre las riquezas que posee esta unidad de conservación.

Pero el caso más patético y que mueve a mayor preocupación es el de Bayahibe donde se han levantado grandes complejos turísticos que han eliminado por completo los humedales y parte de los manglares de una extensa laguna costera que se formaba entre el complejo turístico Club Dominicus y la parte occidental del Parque Nacional. Los rellenos, remoción del bosque existente y la alteración paisajística que dieron al traste con estos ambientes, fueron denunciados por la Comisión Ambiental de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la ONG ambientalista Ecoparque y varias personalidades preocupadas por la conservación del Parque Nacional del Este.

Pero no valieron los reclamos que se elevaron ante las diferentes instancias gubernamentales, pues la Dirección Nacional de Parques no se dio por aludida y la Secretaría de Estado de Turismo se encargó de justificar las obras después de su frustrado intento de negar en principio y ocultar después la zanja de drenaje que se le hizo a la laguna.

Como la indolencia no tuvo límites ni reservas, en la depredación del área para el levantamiento de las nuevas instalaciones turísticas, se eliminó también un cementerio indígena, que en principio se dijo tratarse de un área indígena sin valor o más bien un basurero taíno. Lamentablemente la verdad era otra y las cuchillas de los buldozer se encargaron de desenterrar los cadáveres, de cuyos restos como elemento acusador, se han llenado tres cajas de madera con los huesos, cráneos y restos de cerámica que actualmente permanecen arrinconados y sin clasificar en la semi-destruida caseta del Sector de Guaraguao.

Me imagino que usted, amigo lector, se estará preguntando À estos actos no son de corte bandálico y de evidente indiferencia ante nuestra herencia cultural? Esperamos que algún funcionario oficial o alguna voz autorizada se apresure a brindar una respuesta convincente a la Sociedad Dominicana.

por Eleuterio Martínez
Publicado originalmente en el Listín Diario