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Diseño inteligente para ahorrar energía

Diseño inteligente para ahorrar energíaPor: Pedro Almonte y Arlin Morales

No queda otra opción. Bajar la factura energética en las oficinas es una necesidad. Y no sóloes cuestión de competitividad y de bajar los costos fijos. El objetivo debe ser una oficina autosustentable. Banas está a punto de lograrlo.

Una cosa es «pensar verde», ecológica o sosteniblemente, como la forma personal de aportar el granito de arena a través del cambio en nuestros hábitos de consumo y otra actuar consecuentemente en la vida cotidiana. Un diseño, una construcción, una acción cualquiera solo es sostenible cuando satisface las necesidades presentes sin comprometer las futuras.

Actualmente el planeta tiene una población de 7.0 billones de habitantes, que aspiran a un estilo de vida que hace un uso dispendioso de los recursos, concebido en base a una mal enfocada disponibilidad abundante y barata de recursos y su uso ineficiente.

Fruto de estos conceptos se dio vida a un estilo de edificaciones que no ponderaba el uso de los recursos, tanto para su construcción como para su operación. Las circunstancias actuales y futuras, tanto de problemas ambientales como de precios de los insumos, principalmente energéticos, plantean un gran reto a la sobreviviencia de tales estructuras.

Una visual rápida de tal problema la podemos tener en República Dominicana, si observamos cómo las plazas comerciales diseñadas en base al uso intensivo de energía eléctrica, han venido regulando e incluso suprimiendo el uso del acondicionamiento de aire, en las tiendas o en los pasillos, o ambos, ante la posibilidad de su quiebra, visto el incremento sustancial de la factura de energía eléctrica.

Como una respuesta a cambiar esta tendencia, ya no solo por el alto costo de construcción y operación, sino por el impacto sobre el medio ambiente, se impulsa el desarrollo del concepto «Edificio Sostenible o Edificio Verde». Es el resultado de una filosofía de diseño que se enfoca en el uso eficiente de los recursos (energía, agua y materiales) mientras reduce el impacto negativo del edificio en la salud humana y en el medio ambiente durante el ciclo de vida del mismo, todo lo cual parte de un diseño adecuado al clima, con un mayor uso de materiales locales y cuya construcción, operación, mantenimiento y remoción están concebidos para reuso y reciclaje al final de su ciclo de vida.

Nace un edificio verde

Luego de comprar el lote para la construcción de nuestras nuevas oficinas, iniciamos su planteamiento como un edificio normal y cuando recibimos el diseño arquitectónico, procedimos a realizarle una Auditoria Pre-Construcción del Consumo y la Facturación de Energía, un servicio que hoy provee nuestra empresa GEMTE, SRL. La auditoría reveló que tendríamos un consumo de energía de unos 13,000 kwh/mes y una factura esperada a los precios de hoy, de unos RD$177,000 / mes. Inmediatamente saltó en nuestras mentes el peso en nuestros costos operacionales de tal diseño y la competitividad de nuestras empresas. Nos planteamos revisar y reevaluar los conceptos aplicados y la forma de usar el espacio.

En ese proceso entramos en contacto con el USGBC y su sistema de clasificación de edificios LEED, vía el constructor sueco y no. 2 del mundo, SKANSKA. En las normas requeridas encontramos el apoyo para cuestionar y vencer muchos de los mitos y leyendas sobre la construcción, y que terminó llevándonos a formar a 19 ES.

En el año 2009 se construyó el edificio siguiendo los estándares LEED (actualmente en proceso de certificación), siendo el primer edificio bajo dichos criterios en República Dominicana. Su diseño está concebido para alcanzar un menor costo de operación, ya que utiliza menos energía y agua y requiere menores gastos de mantenimiento, además de mejorar la calidad del aire interior.

Durante el primer año el edificio promedió un ahorro de un 70% de energía o más en comparación con edificios convencionales similares.

Lograr esto constituyó una labor titánica, en un país donde un edificio promedio consume alrededor de 15 kWh por metro cuadrado y fueron muchos los paradigmas que tuvimos que romper para lograr este resultado.

Pero en adición a lo anterior, actualmente estamos trabajando para convertirlo en el primer edificio de RD neutro respecto a las emisiones de CO2 asociadas a la energía eléctrica que consume, también para ser autosuficiente en agua y producir en nuestras facilidades los jugos y las picaderas que utilizamos para nosotros y brindamos a nuestros clientes.

¿Cómo se logró?

1.Perseverar y arriesgarnos. El primer paso es estar abierto a la innovación. Dejar atrás toda aquella forma de hacer aprendida en el pasado y crear y evaluar nuevas opciones desde un punto de vista crítico y objetivo, preguntándonos ¿qué es lo realmente esencial para operar? Y atención, esto no implicó renunciar a las comodidades del mundo moderno e irnos a trabajar a una caverna. Nuestro edificio cuenta con todas las comodidades y tecnología que ostentaría cualquier edificio convencional incluyendo sistema de climatización computarizado, sistema de vigilancia y control de acceso computarizado, data center, etc. La clave está en decidir conscientemente la tecnología más adecuada para cada caso y nalizar profundamente el impacto costo efectivo de cada una de estas medidas.

2.Auditoría energética.
Preguntarnos cuánto iba a costar operar el edificio y analizar la proyección del mercado energético y nuestros negocios, para saber si la actividad económica a que nos dedicamos permitirían ese derroche. Construimos un modelo virtual que nos permitió proyectar cuál sería el consumo del edificio una vez terminado. Con esta información a la mano, evaluamos cuáles eran las cargas que representaban el mayor consumo (sistemas de climatización, iluminación, ITC, equipamiento) y en conjunto con el personal, los arquitectos, ingenieros, proyectistas y técnicos, se discutieron las alternativas y se decidieron los ajustes de diseño que impactarían estos consumos.

Por ejemplo, para los sistemas de climatización, analizamos a fondo las fuentes de calor y los criterios de diseño aplicados, hicimos benchmarking con proyectos ya certificados e investigamos las tecnologías disponibles en el mercado y su nivel de eficiencia.

Lo primero fue reducir la carga térmica. La mayoría de las medidas propuestas se pudieron implementar, otras no. La falta de precedentes y las costumbres fueron tan fuertes que se nos vino el tiempo encima sin poder aislar la fachada de ladrillos frontal dos pulgadas de la pared, tal y como se hace en los países templados; esto es un excelente aislamiento. Pero pudimos vencer el miedo a las filtraciones consuetudinarias de la construcción en RD y logramos armar los techos verdes para reducir la ganancia de calor en el techo. También incorporamos las pérgolas cubiertas de enredaderas sobre los cristales del parqueo, que además de reducir el calor, agregan belleza, colorido y espacio de convivencia y existencia para picaflores, abejas y otros insectos.

Analizamos cuáles áreas del edificio eran realmente productivas y necesitaban ser climatizadas, eliminando el lobby, los pasillos, los baños, las áreas de archivo (en nuestro caso es incongruente climatizar los cuartos de archivo cuando el personal solo pasa alrededor de 10 minutos de su horario laboral en este espacio). Luego de la cirugía térmica, determinamos la tecnología que se adaptaba mejor a la forma del edificio y a sus condiciones de uso. Durante la etapa del diseño de estos sistemas fue decisivo evitar el sobredimensionamiento de los sistemas, práctica comúnmente usada por nuestros ingenieros para «cubrirse», ya que tenemos la costumbre (cuya aplicación debemos ir revisando), popularmente resumida en que «para que falte que sobre», que puede constituir una diferencia abismal tanto en el monto invertido como en el costo de operación y mantenimiento, y que termina pagando el dueño del edificio.

El ahorro de energía y la reducción del impacto de la actividad económica sobre el medio ambiente no es posible sin el involucramiento directo de los dueños en estas decisiones que muchos de ellos creen ser solo «cosas de ingenieros». Como detalle, esto nos permitió reducir la capacidad instalada de climatización de 50 Ton a solo 16 Ton.

En la iluminación del edificio el proceso fue similar. El análisis objetivo siempre es la herramienta más poderosa a la hora de reducir. Sin dejar de lado las valoraciones y las normativas sobre los niveles de iluminación que requiere cada espacio, buscamos obtener el estándar de iluminación sobre la superficie de trabajo. En las oficinas convencionales vemos cómo todo el espacio está equitativamente iluminado entre 30-50 fc, pero nosotros nos fuimos un poco más allá. Primero, dejamos entrar la luz natural a la mayor cantidad de espacios posibles, con lo que logramos que alrededor del 75% de los espacios puedan trabajar buena parte del día sin luz artificial, y segundo, empezamos a preguntarnos ¿leo yo, trabajo yo en la esquina donde voy a colocar una planta o una escultura, o en el pasillo de acceso a la oficina? Pues no, y como no leo yo, ¿por qué íbamos a desperdiciar esa energía? Y aquí empieza la eficiencia. La mayoría de las personas desarrolla sus actividades sobre su escritorio o mesa de trabajo. ¿Por qué iluminar igual todas las áreas si cada una de ellas constituye en sí misma un espacio con usos diferentes? Seleccionando tecnologías eficientes de iluminación como LED, bombillas fluorescentes compactas y tubos fluorescentes T5, que nos han permitido reducir la potencia instalada de la iluminación en un 50%, y nos ayudó a comprender como ingenieros y arquitectos, que cada espacio es único en sus necesidades, y que para lograr la eficiencia se necesita tomar en cuenta, en el diseño y en la práctica, estas necesidades del espacio, para que los usuarios puedan vivir el diseño sin que se le rompa el bolsillo.

El control es otra poderosa herramienta del diseño y la operación. Cada ser humano es único por definición, con sus necesidades y gustos particulares. Permitir en la medida de lo posible que cada persona pueda controlar su ambiente, nivel de iluminación y temperatura, nos ayuda a optimizar el consumo energético a la vez que mejora la calidad de vida de aquellos que ocupan el edificio y comprobadamente aumenta la productividad y satisfacción de los usuarios, a la vez que se educan y asumen como suyo el reto de proteger el medio ambiente a través de la acción individual.

3.Selección de los equipos. Aquí entramos en el debate de si una portátil podía sustituir una PC. Analizamos que varios de nuestros ejecutivos usaban una portátil por razones de trabajo fuera de la oficina, y que no tenía sentido que tuvieran una portátil y una PC, lo cual implicaba redundancia de equipos y de carga. Por otra parte, una computadora de escritorio tiene un consumo entre 150 y 250 vatios por hora, mientras una portátil en sus versiones más eficientes consume tan solo 35 vatios. En nuestro edificio laboran alrededor de 30 personas, de haber instalado computadoras de escritorio en las oficinas hubiésemos tenido un consumo promedio de 6.00 kwh, mientras las portátiles solo consumen 1.05 vatios, esto representa más de un 80% de ahorro, sin dejar de hacer el trabajo.

De igual forma compramos los demás equipos instalados en el edificio, tomando en cuenta los productos con certificación de operación que son más más eficientes, de los cuales hay diversas opciones disponibles en el mercado que no necesariamente son más costosas.

Nos quedan por trabajar varios aspectos en el edificio, que ya se ha convertido en un laboratorio de investigación. Reduciremos más la potencia usada por las luminarias y la carga térmica, en adición a mejorar el control del AA y la ventilación y además la automatización del edificio. Esperamos un ahorro de energía de un 20% a un 30% adicional. Hemos dejado para último la incorporación de las energías renovables, con las que reducir nuestra dependencia energética en menos de un 50% y nuestras compras a EDESUR a menos de RD$20,000.00/mes.

4.El personal. Andar vestidos como si viviéramos en un país templado no tiene sentido y nos cuesta. Vivamos con nuestro clima. Como ejemplo del impacto de la vestimenta, veamos cómo la gran mayoría de nuestros empresarios, políticos y dirigentes andan vestidos con saco y corbata en un país tropical donde la temperatura promedio al año es de 27 grados C. Pocos se detienen a analizar que esta acción por simplista que parezca afecta nuestro consumo energético, pues tendremos que bajar la temperatura para poder compensar el calor que nos produce llevar toda esta ropa puesta, mientras otros tendrán que ponerse abrigos. El ser humano pasa hasta un 80% de su tiempo en interiores, ya sea en la casa o en su trabajo, por lo que es inminente concebir su vestimenta y los espacios construidos, para que se optimice su operación y se pueda disminuir el consumo de energía y recursos. Lo interesante es que esto es mucho más fácil de lo que nos han hecho creer. Empecemos a cambiar nuestra forma de vivir, dejemos de emular lo que nos han vendido como una fórmula mágica para mostrar el éxito, más que ser exitosos.

Lo más importante es entender que la decisión radica en nosotros mismos. Empecemos por transformar la educación, incluyamos el medio ambiente y el emprendedurismo como materias en nuestros pensum académicos, conquistemos nuestro clima, atrevámonos a definir una forma de ser diferentes, innovemos y atrevámonos a exportar nuestra visión alegre y sostenible del mundo y de la vida, y quizás así logremos tener una balanza de pagos positiva, legándo un espacio digno a nuestros hijos.

Vía: Diario Libre

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