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Del verde monopolizado a un territorio biodiverso.

Lynch (1984), expresó que la homogeneidad del espacio urbano produce un paisaje monótono, estéril y carente de identidad propia, que por lo general es producto de la desarticulación entre elementos naturales y la domininación de elementos artificiales. Haciendo referencia a esta cita, la monopolización del vehículo, el cemento, y el acelerado crecimiento no planificado conducen las ciudades hacia la pérdida de la vida natural, lo que pudiéramos considerar como pérdida simultánea de la calidad de vida de las personas que vivimos en zonas urbanas, al depender la segunda de la primera.

Donde el 60% de la población mundial es urbana, con un crecimiento del 13% hacia el 2050 (ONU, 2021), la demanda de suelo citadino nos invita a reflexionar, ¿En qué tipo de ciudades queremos vivir?. En la medida que aumenta la densidad poblacional, también crecen las necesidades, sumadas a las básicas no cubiertas, y a los nuevos retos y desafíos que supone una ciudad vulnerable a los efectos del cambio climático, a sismos, vulnerabilidad socioeconómica, cultural, política, sanitaria, y su viejo sistema de infraestructura urbana.

¿Cómo estamos creciendo? ¿Cuál es el enfoque de desarrollo realmente presente en la gestión del teritorio?. Promover la calidad de vida de las personas, allí donde viven, debería ser el objetivo transversal de toda planificación, pero también la consecución de las políticas, programas y proyectos que se implementen, si es que buscamos abocarnos a los Objetivos de Desarollo Sostenible. Asegurar ciudades habitables, saludables, prósperas, equitativas, cohesitivas, y con la capacidad de enfrentar con resiliencia los cambios naturales y antrópicos, especialmente aquellos que vienen con la incertidumbre del calentamiento global, mientras continúa la presión sobre los recursos naturales, la demanda de servicios y de suelo.

Del Foro de arborización vial, celebrado en el edificio empresarial de Santiago de los Caballeros la mañana del martes 7 de diciembre del presente año, rescato algunas notas que merecen ser compartidas y difundidas, pero además, asumidas con verdadero compromiso. Julio Corral, Consultor Senior del Plan Estratégico de Santiago, iniciaba su participación planteando las preguntas ¿Por qué queremos arborizar? ¿Nos estamos inclinando por la urbe o por la ciudad?. Si entendemos por urbe a esta estructura gris, inerte, y de crecimiento voraz; en contraste con el trasfondo del concepto ciudad, desde donde se invita a construir ciudadanía. El Arquitecto Corral considera indispensable que puedan establecerse reglas de conviencia, considerando los desafíos técnicos, institucionales, financieros, normativos y educativos. Difundir la información levantada es todavía un reto a conquistar no solo en Santiago, así como la articulación institucional, y la concientización ciudadana debe alcanzar niveles más profundos hacia el empoderamiento del conocimiento colectivo. Igualmente relevante es redoblar esfuerzos con los mercados de carbono.

Nelson Bautista, ambientalista y líder climático, nos llevó por un recorrido virtual a través de la mancomunidad de espacios naturales del Municipio Santiago y conurbaciones distritales, como refugios de biodiversidad urbana. Pero, ¿Cómo conectamos estas islas de biodiversidad? ¿Pudiera armonizarse el sistema vial y un sistema de arborización que sirva de corredores ecológicos y del tránsito vehicular? ¿Pudiera convivir el sistema vial y la infraestructura natural urbana?. Pasar del paisaje verde como adorno, a un sistema natural biodiverso, e interconectado.

Más que reforestar, se apuesta por la restauración del sistema ecológico de la ciudad, multiplicando la naturaleza autóctoca, asumiendo en mayor proporción el endemismo de la isla y la región del Cibao. Sembrar la flora que atraiga la fauna que queremos tener, y con ello incrementar la salud del ecosistema urbano, del cual las personas somos parte y beneficiarios.

Marcos Gómez, especialista en planificación urbana, comentaba sobre los lineamiento generales y específicos que están siendo considerados para la nueva normativa de arborización de Santiago. Señalaba la integración del ODS 11 al planificar ciudades más sostenibles y en equidad, como parámetro distintivo del documento en proceso. Igualmente señalaba los desafíos que presenta la puesta en valor de este reglamento de arbolado, resaltando la adecuación de marcos legales y requerimientos económicos, como los de mayor relevancia. Se enfatiza además, la limitación del espacio disponible para arborización de vías existentes, ya colapsadas por el tránsito, y sin espacio adicional para expandir, señalando que, en el intento de integrar ciclovías al sistema vial, donde también se necesita arborizar, habría que considerar a qué se da prioridad.

La pregunta realmente recae en si daremos prioridad al peatón, buscando una ciudad que se enfoque más en las personas, o si mantendremos al vehículo de cinco pasajeros como el eje principal en la planificación del territorio. Ciertamente, esperamos que este lineamiento para la regulación del arbolado de la ciudad pueda convertirse en referente de planificación, y que el mismo fomente la biodiversidad natural.

Otra pregunta queda al aire, ¿Cómo contribuyen las infraestructuras naturales urbanas al Producto Interno Bruto de la República Dominicana?, donde la aportación de los servicios ecosistémicos urbanos intangibles son tantos. La regulación de la temperatura, generación de oxígeno, provisión de agua, protección y recuperación de suelos, estabilización de taludes, biodiversidad urbana, mejora del paisaje gris, recreación, barrera contra el ruido, preservación de la permeabilidad, captura de gases de efecto invernadero como el carbono, contención del polvo, y el amortiguamiento del impacto de los eventos naturales y los efectos del cambio climático, quedando este último servicio ecosistémico externalizado en los planes de prevención y respuesta de la gestión del riesgo, pero también de su aporte al PIB.

Mucho se ha escrito y hablado sobre las ventajas de las infraestructuras naturales para construir territorios más resilientes, esto es gracias a sus bondades en la respuesta ante los fenómenos naturales, lo que en consecuencia reduce el gasto por remediación ambiental. En palabras más llanas, una ciudad robusta en infraestructuras naturales, tiene mejor oportunidad para enfrentarse a los eventos atmosféricos y a los efectos del cambio climático que trae consigo el calentamiento global. Al responder mejor, reducimos el gasto posterior a ser impactados por un huracán o vaguadas frecuentes, para ello es indispensable invertir en construcción de resiliencia, con las personas de protagonistas, contando con la biodiversidad natural urbana como nuestro mejor recurso.

Arquitectura Ambiental