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Cambio climático: tiempo de ahorro, no de despilfarro

El informe de la OMM de este julio es abrumador y desafiante para los gobiernos de América Latina y el Caribe. Estamos comprobando en carne viva que somos una de las regiones más afectadas por el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos. Estos impactos ya nos han costado 312,000 vidas en la región y han afectado a más de 277 millones de personas desde 1998 – 2020.

Y el futuro no será mejor: olas de calor (ya vimos cómo fueron las de Europa y Norteamérica), disminución de rendimiento de cultivos, incendios forestales, (también vimos cómo fueron los del mediterráneo y América Latina y el Pacifico Noroeste de EU) agotamiento de los arrecifes de coral y eventos de nivel del mar, no solo inundaciones por aumento del nivel, sino lo contrario: penetración del mar por alteración del presupuesto de sedimentos en las desembocaduras de ríos por disminución y estiaje del caudal por las sequías extremas. Y todo esto sumado a los efectos de la pandemia de COVID-19.

Desde febrero estamos anonadados por las noticias de grandes ríos y lagos secándose o disminuyendo dramáticamente su caudal en América y el Caribe, empezando por el río Colorado en Estados Unidos y México que pone en riesgo a más de 40 millones de personas.

La Amazonia registra la pérdida de la sexta parte de sus  humedales en 30 años y en los últimos 5 años la deforestación y los fuegos han logrado que esa región del mundo tenga un balance negativo en la captura de carbono, emite más de lo que fija ya en 2021.

El río Paraná está en los niveles más bajos desde el 1944 y todo por las intervenciones humanas y el cambio climático. Y ya las poblaciones lo sienten en la distribución de agua como en California, Estados Unidos. El abogado argentino Rafael Colombo lo ha denominado holocausto ambiental.

En Bolivia, la segunda laguna más grande, la Popó, se ha secado y esta vez se teme que para siempre. Desde 2013 ha sido precaria la recuperación del estiaje debido al desbalance provocado por el cambio climático en la fluctuación del niño – la niña.

República Dominicana no es la excepción. En el informe del Ing. Reynoso del 2016 son bastante claros ya los déficits de agua por provincia, y lo que veo son muchos planes de uso, muchos pozos para abastecer a las ciudades y más presas y embalses. Lo que no veo son los planes de manejo de las cuencas para sembrar agua, para proteger el agua donde nace y donde se fabrica, en las montañas.

Lo que veo son compañías como la Belfond destruyendo las fuentes de agua en el Bahoruco Oriental; megaproyectos hoteleros en Pedernales y reuniones donde se habla de eso y noticias en los periódicos, pero ninguna dice de dónde van a sacar el agua para las 12,000 habitaciones en esa provincia; y presas como la de la zona del Plan Sierra, Sajoma, Las Placetas, en zonas ya afectadas por otros embalses.

Lo que está pasando en Colorado con el embalse Mead, y en Bolivia con el lago Popó es una advertencia para esta mega presa. Y lo que pasa en California en los pueblos donde las bombas se dañan porque los pozos se secan, otra advertencia para Pedernales. Es tiempo de ahorro y previsión, no de propaganda sin transparencia, ni de boato y  despilfarro.

Ojala.do