Inicio | :: Áreas Protegidas | Bosques dominicanos: Conservación bajo asedio

Bosques dominicanos: Conservación bajo asedio

Hay lugares de la República Dominicana donde la niebla nace entre los árboles, donde el mar se funde con el bosque y donde la lluvia desaparece durante meses, pero la vida insiste en florecer. En esos paisajes sobreviven ecosistemas que producen agua, almacenan carbono, protegen especies únicas y sostienen el equilibrio ambiental del país.

Los bosques húmedos, secos, semihúmedos y de pinar, junto con los manglares y los bosques nublados, conforman un mosaico natural que convierte a la República Dominicana en uno de los territorios con mayor diversidad ecológica del Caribe.

Pero detrás de ese verdor también hay cicatrices. La expansión agrícola, el conuquismo, los incendios forestales, la tala, las especies invasoras, la contaminación y el cambio climático amenazan estos ecosistemas, de los que dependen la biodiversidad, las fuentes de agua y la protección de las costas.

Este especial te invita a recorrer seis tipos de bosques dominicanos para descubrir sus paisajes, conocer las amenazas que enfrentan y explorar las iniciativas que buscan conservarlos. Cada uno cuenta una historia distinta. Juntos revelan por qué proteger los bosques es también proteger el futuro del país.

Montañas y Coníferas Altas

El fuego devorador en las alturas

Mientras el país conmemoraba el 179 aniversario de su independencia, el 27 de febrero del 2023, el Parque Nacional Valle Nuevo se enfrentaba a uno de los incendios más devastadores de su historia en más de una década. La madrugada del día anterior, un agricultor de la comunidad Agua de Las Piedras, en Azua, ignorando las advertencias de las autoridades, incendió un predio para sembrar en una zona de amortiguamiento.

La aparente acción inofensiva, que terminó con el arresto del hombre, rápidamente se salió de control y requirió más de nueve días de extensas labores de mitigación, en las que participaron más de 100 bomberos y voluntarios.

La principal víctima del siniestro fueron cientos de hectáreas de bosque de pino criollo. Tres años después, aún permanecen troncos calcinados y terrenos secos que evidencian la fragilidad de estos ecosistemas frente a la intervención humana.

Troncos quemados en Valle Nuevo
Brasas en un tronco de pino criollo el 10 de julio de 2026, luego del incendio registrado en la Sierra de Bahoruco. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Troncos quemados en Valle Nuevo
Cicatrices del incendio forestal registrado entre el 20 y el 29 de junio de 2026 en la Sierra de Bahoruco. (DIARIO LIBRE/MARVIN DEL CID)
Troncos quemados en Valle Nuevo
A la derecha, pinos criollos secos como consecuencia de un incendio forestal en el 2023 en Valle Nuevo. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Las esponjas hídricas del Caribe

Entre el cielo y la vida

En las montañas húmedas de la República Dominicana sobreviven los bosques nublados, uno de los ecosistemas más frágiles y estratégicos del Caribe. En ellos, las nubes chocan con las montañas y forman estrechas franjas cubiertas por una neblina que parece adueñarse del paisaje.

Se desarrollan en condiciones de alta humedad, temperaturas frescas y baja radiación solar. Funcionan como «esponjas naturales»: capturan agua de la niebla y regulan el ciclo hídrico del país.

Aunque se desarrollan entre los 600 y 3,500 metros sobre el nivel del mar, pueden encontrarse incluso a menor altura debido a la influencia de los vientos húmedos del Caribe, especialmente en la Cordillera Septentrional.

Entre la neblina, los troncos cubiertos de musgo y la gruesa capa de materia orgánica que protege el suelo parecen el escenario de un cuento infantil. Allí, bajo las raíces húmedas y los helechos arborescentes considerados «fósiles vivientes», habitarían los gnomos, guardianes invisibles que custodian el agua y los árboles.

A pesar de las dificultades que conlleva mantener este bosque protegido, los guardabosques de Las Neblinas trabajan cada día por amor a la naturaleza. DIARIO LIBRE NEAL
A pesar de las dificultades que conlleva mantener este bosque protegido, los guardabosques de Las Neblinas trabajan cada día por amor a la naturaleza. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Helechos y palmas que juegan a arropar lo que el hombre construyó en Ébano Verde. DIARIO LIBRE NEAL CRUZ
Helechos y palmas que juegan a arropar lo que el hombre construyó en Ébano Verde. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Entre la lluvia, la biodiversidad y las montañas

Un refugio natural que abastece al país

Si al internarse en una zona boscosa lo primero que llama su atención son árboles altos de hojas anchas, troncos cubiertos de musgos y un ambiente donde la lluvia parece estar siempre al acecho, probablemente se encuentre en un bosque húmedo.

Es el ecosistema forestal más extenso de la República Dominicana. Abarca 721,853 hectáreas, equivalentes al 39.8 % de la cobertura forestal nacional, según el último Inventario Nacional Forestal del Ministerio de Medio Ambiente.

Su presencia se extiende desde la llanura costera del Caribe hasta la Cordillera Central, el valle de San Juan y las sierras de Bahoruco y Neiba. La humedad permanente convierte estos bosques en refugio de numerosas especies de flora y fauna nativas y endémicas.

También albergan los principales afluentes que alimentan los ríos dominicanos, una riqueza que, paradójicamente, los hace más vulnerables frente al avance de la agricultura y al crecimiento poblacional en busca de agua y suelos fértiles.

Bosque seco de República Dominicana con árboles autóctonos
El guardaparques Juan Céspedes muestra dos árboles de jobos rodeados de un árbol de higo, en el área de bosque húmedo de Los Haitises. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Bosque seco de República Dominicana con árboles autóctonos
La presencia de musgo en los troncos, como en esta cigua laurel (Ocotea floribunda) que se conserva en Los Haitises, es señal de buena salud. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Bosque seco de República Dominicana con árboles autóctonos
Dos guardaparques guían al equipo de Diario Libre por un sendero para recorrer el Parque Nacional Los Haitises por Los Limones, Monte Plata. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Bosque seco de República Dominicana con árboles autóctonos
Reserva Científica Loma Quita Espuela, en San Francisco de Macorís. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Bosque seco de República Dominicana con árboles autóctonos
Esta especie de mariposa malaquita (Siproeta stelenes stelenes) vista en Los Haitises es endémica del Caribe. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Ejemplar de helecho arborescente gigante (Cyathea arborea) dentro de la reserva científica Loma Quita Espuela
Ejemplar de helecho arborescente gigante (Cyathea arborea) dentro de la reserva científica Loma Quita Espuela. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Transición ecológica y biodiversidad

Un ecosistema entre realidades opuestas

En el Parque Nacional Cotubanamá, una inmensa planicie vegetal que se extiende por 796 kilómetros cuadrados en la región este, los senderos atraviesan un paisaje donde conviven cuevas con arte rupestre, humedales temporales, islas, especies endémicas y una densa cobertura vegetal que cambia con las estaciones. Entre árboles nativos y maderables florece la Rosa de Bayahíbe, un cactus arbustivo convertido en símbolo de la biodiversidad y la belleza de la zona.

El otrora Parque Nacional del Este —rebautizado hace 12 años en honor a Cotubanamá, un indígena criado en el cacicazgo de Higüey— parece un refugio donde la naturaleza ha logrado mantenerse casi intacta.

A 345 kilómetros de allí, en la región sur, el panorama cambia. La Sierra de Neiba, otro de los 30 parques nacionales de la República Dominicana, también resguarda un bosque semihúmedo, pero las huellas de la intervención humana son evidentes. Los incendios forestales amenazan el paisaje, las parcelas agrícolas avanzan sobre las laderas y el conuquismo forma parte de la cotidianidad de muchas comunidades.

Aunque separados por cientos de kilómetros y marcados por realidades distintas, Cotubanamá y la Sierra de Neiba comparten un mismo ecosistema: el bosque semihúmedo, una transición entre el bosque seco y el húmedo que representa el 15.39 % (275,645.83 hectáreas) de la cobertura forestal nacional. Solo está por detrás de los bosques húmedo (39.8 %) y seco (22.6 %), de acuerdo con el último Inventario Nacional Forestal.

El Parque Nacional Cotubanamá es de los pocos que también abarca una extensión de playa
El Parque Nacional Cotubanamá es de los pocos que también abarca una extensión de playa. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
En el fondo, parte de los hoteles de Bayahíbe ubicados dentro del Parque Nacional Cotubanamá
En el fondo, parte de los hoteles de Bayahíbe ubicados dentro del Parque Nacional Cotubanamá. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Una de las montañas afectadas por la agricultura en la Sierra de Neiba. Más abajo, la carretera principal
Una de las montañas afectadas por la agricultura en la Sierra de Neiba. Más abajo, la carretera principal. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Uno de varios ríos cristalinos que nacen en la Sierra de Neiba
Uno de varios ríos cristalinos que nacen en la sierra de Neiba. (DIARIO LIBRE/LUDUIS TAPIA)
Adaptación radical y resiliencia

La capacidad extrema de resistir

El bosque seco es uno de los ecosistemas que mejor demuestra la capacidad de la naturaleza para resistir. Sobrevive donde apenas caen entre 200 y 800 milímetros de lluvia al año, soporta temperaturas promedio de 26 a 28 grados Celsius y alberga especies adaptadas a largos períodos de sequía. Sin embargo, esa resistencia tiene límites.

La producción de carbón vegetal, la extracción de especies forestales como el guaconejo, la expansión agrícola y ganadera, el crecimiento de viviendas e industrias, la presencia de especies invasoras, el manejo inadecuado de residuos sólidos y el cambio climático figuran entre las principales amenazas que enfrenta este ecosistema.

Aunque el país ha migrado en gran medida al uso del gas, las autoridades todavía decomisan hornos utilizados para producir carbón vegetal. A esto se suma la expansión de especies invasoras, como la bayahonda, visible en muchas carreteras del sur, que desplaza la vegetación nativa y altera el equilibrio natural.

Una alpargata (Consolea moniliformis) en el Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño.
Una alpargata (Consolea moniliformis) en el Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
La carretera Sánchez en su tramo por azua
La carretera Sánchez en su tramo por Azua. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Vertedero en el bosque seco de Tábara Abajo en Azua
Vertedero en el bosque seco de Tábara Abajo, en Azua. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Ecosistemas de Transición Costera

El escudo verde de nuestras playas

Los manglares son bosques costeros que crecen en zonas donde se mezclan el agua dulce y salada, bajo condiciones de inundación periódica y suelos saturados.

En la República Dominicana forman parte de un sistema interconectado con praderas marinas y arrecifes de coral, lo que los convierte en una pieza central del funcionamiento ecológico de la costa. Su ubicación en la frontera entre tierra y mar les permite cumplir funciones que ningún otro tipo de bosque puede sustituir.

Como sus ecosistemas son capaces de sobrevivir en ambientes de alta salinidad y baja oxigenación en los suelos, esta capacidad de adaptación les permite estabilizar sedimentos, amortiguar el impacto de las olas y sostener una gran diversidad de especies que dependen de ellos en distintas etapas de su vida.

Manglar muerto en la desembocadura del río Yaque del Norte, Montecristi, producido por un tapón de desechos sólidos que interrumpió el flujo natural de agua dulce y salada.
Manglar muerto en la desembocadura del río Yaque del Norte, Montecristi, producido por un tapón de desechos sólidos que interrumpió el flujo natural de agua dulce y salada. (DIARIO LIBRE/MARVIN DEL CID)
La Laguna de Oviedo, en Pedernales, es refugio de flora y fauna. En la foto, flamencos del Caribe (Phoenicopterus ruber) socializan y se alimentan en aguas someras con amplia presencia de manglar.
La Laguna de Oviedo, en Pedernales, es refugio de flora y fauna. En la foto, flamencos del Caribe (Phoenicopterus ruber) socializan y se alimentan en aguas someras con amplia presencia de manglar. (DIARIO LIBRE/MARVIN DEL CID)