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Manglares, eneales, dragales… ¿de qué hablamos?

Los humedales han sufrido el odio y desprecio de muchos en todo el mundo. Estos lugares inundados, a menudo fangosos, han sido acusados de ser fuentes de “pestilencia”, mala calidad de aire y enfermedades. Secarlos, destruirlos o reducirlos a su mínima expresión era visto hasta hace poco como “progreso”.

Sin embargo, hoy sabemos que esto fue un error, por el cual todavía estamos pagando. Estos húmedos lugares brindan valiosos servicios: en la costa, protegen a las casas, infraestructura y embarcaciones frente a las fuertes olas, marejadas y tsunamis; tierra adentro, ayudan a filtrar el agua que va a nuestros acuíferos y ríos, purificándola y actuando como una esponja que guarda la lluvia caída durante eventos extremos, así evitando inundaciones y garantizado abastecimiento en tiempo de sequía.

También nos dimos cuenta que los humedales eran importantes para nuestra alimentación: muchos peces, cangrejos y moluscos que comemos, pasan toda o parte de su vida bajo la protección de los humedales, especialmente los manglares. Sin olvidar que estos lugares a menudo encierran paisajes espectaculares y sirven de hábitat una infinidad de formas de vida, sirviendo como base al turismo de naturaleza.

En República Dominicana los humedales más comunes son los manglares, los saladares, los eneales, los dragales, las ciénagas y turberas.

Por si fuera poco, hoy sabemos que los manglares son el ecosistema que más carbono almacena (casi cinco veces más que cualquier otro tipo de bosque!), ayudando así a mitigar los gases de efecto invernadero responsables del cambio climático. Todo esto motivó a que la comunidad internacional se uniera para declarar la importancia y preservar los humedales a través de la Convención Internacional sobre Humedales, conocida como Convención Ramsar, debido a la ciudad iraní donde se firmó en 1971.

En República Dominicana los humedales más comunes son los manglares, los saladares o salados, los eneales (de hierba enea), los dragales (bosques del árbol drago o sangre de dragón en el nordeste), las ciénagas y turberas.

Tristemente, seguimos viendo humedales siendo cortados y rellenados para hacer hoteles y apartamentos de playa, crear o ampliar playas arenosas, marinas y muelles; hemos visto humedales secados debido al desvío de sus aguas para la agricultura, especialmente de arroz o cortados para sembrar cocos, o talados para aprovechar su madera en construcciones o hacer carbón.

Tres ejemplares de Viuda Patilarga (Himantopus mexicanus) en un humedal de Cabo Rojo, Pedernales.

Recientemente, hasta una nueva cárcel está planificada encima de un humedal lacustre. Y tememos que estos ataques contra los últimos humedales que nos quedan se intensificará en el futuro, debido a la creciente escasez de terrenos no inundables a precio razonable.

Esto ocurre a pesar de que muchos de nuestros humedales cuentan con protección legal bajo el sistema nacional de áreas protegidas; de que las cuatro especies de mangle están también protegidas por ley y de que somos parte de la Convención Ramsar. De continuar así, seguiremos aumentando el riesgo climático, que ya para RD es alto. Defender los manglares es asegurar el bienestar nuestro y de las siguientes generaciones y preservar un importante patrimonio natural dominicano. El día dos de febrero se celebra el Día Mundial de los Humedales en todo el mundo, celébralo aprendiendo y visitando los manglares de RD y alzando tu voz para defender los pocos que nos quedan o restaurar los que han sido dañados.

Diario Libre