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El pacto sobre el cambio climático cierra una larga odisea para el secretario general de la ONU

bankimoononuNACIONES UNIDAS. Cuando los negociadores internacionales en París alcanzaron este mes un acuerdo sin precedentes sobre cambio climático, el habitualmente discreto jefe de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, lo celebró sobre un escenario con los brazos en alto y más expresivo de lo que muchos le habían visto nunca.

Han pasado casi nueve años desde que, en sus primeros días como secretario general, Ban sorprendió a los líderes mundiales al hacer del calentamiento global un tema prioritario en su estrategia. Ahora, en la víspera de su último año en el cargo, los vítores en París son el culmen de su incansable campaña, trabajada en una cumbre tras otra, con todos los jefes de gobierno y desde los glaciares que se derriten hasta las islas en riesgo de desaparecer bajo las aguas.

Fue un momento de emoción, y reflexionando sobre el camino hasta París en una entrevista con Associated Press, Ban reconoció el trabajo de muchos, incluyendo los mandatarios de Estados Unidos, China, India y Francia. También habló con orgullo sobre su propia labor.

Ningún otro líder mundial “ha puesto sobre la mesa, sin falta, todo el tiempo, el cambio climático”, dijo Ban. “He invertido una auténtica pasión… y la mayor parte de mi tiempo y energía en este asunto”.

Fue todo un cambio de dirección para el exministro de Exteriores de Corea del Sur, cuya prioridad antes de convertirse en el octavo secretario general de Naciones Unidas en 2007 era la tensión de su país con Corea del Norte.

Ban situó el inicio de su interés por el cambio climático en su campaña de un año para liderar Naciones Unidas, que le llevó a muchos países y amplió su perspectiva sobre asuntos globales.

Dos semanas antes de asumir el cargo de secretario general, Ban dijo a Tim Wirth, entonces presidente de la Fundación Naciones Unidas, que sus máximas prioridades serían el cambio climático y dar más poder a las mujeres.

“Tenía un profundo compromiso entonces, y lo ha mantenido, y mantenido, y mantenido”, dijo Wirth sobre la decisión de Ban de abordar el calentamiento global.

En ese momento, no era un tema popular.

El tratado de Tokio de 1997, que requería que sólo los países ricos limitaran las emisiones de gases contaminantes a las que se atribuye el calentamiento global, iba a expirar en 2012. Las negociaciones para un nuevo acuerdo casi se habían derrumbado, recordó Ban.

“Pensé que debía revivir eso”, dijo.

Su primera reunión de alto nivel como jefe de la ONU fue con el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

La agenda original para su encuentro de enero de 2007 no incluía el cambio climático, dijo Ban, y Bush “pareció un poco sorprendido” cuando planteó el tema.

Resuelto, Ban decidió celebrar la primera cumbre en Naciones Unidas sobre cambio climático de la historia en julio de 2007.

Invitó a Bush y le dijo que el éxito de la cumbre dependería de su participación. El presidente fue, aunque no ofreció un discurso.

Esa conexión dio resultado en una conferencia de Naciones Unidas en Bali en diciembre de 2007.

Estados Unidos, la única gran potencia industrial que rechazaba el acuerdo de Kioto, se opuso a la propuesta India de endurecer los requisitos para los países más ricos y así ayudar a los países más pobres con la tecnología para limitar emisiones. En uno de los momentos más memorables de la diplomacia sobre cambio climático, la pequeña Papúa Nueva Guinea imploró a Estados Unidos que asumiera un papel de liderazgo o abandonara la conversación.

Aislada, Washington capituló y se adoptó la primera hoja de ruta para abordar el cambio climático.

“Milagrosamente, pude salvar esa ocasión, pero no sabía por qué”, dijo Ban.

A principios de 2009 lo descubrió por fin.

Ban y su esposa fueron invitados a cenar a la Casa Blanca en los últimos días de la presidencia de Bush. Bush dijo al jefe de Naciones Unidas que cuando la reunión de Bali alcanzó un momento difícil, había recibido una llamada del jefe de la delegación de Estados Unidos pidiendo instrucciones.

Ban recordó que Bush le había dicho: “De pronto, me vino usted a la mente. Entonces le dije al jefe de la delegación ‘Haga lo que quiere hacer el secretario general de Naciones Unidas’’’.

El secretario general dijo que se sigue sintiendo “muy agradecido” a Bush.

“Ése fue el principio de nuestro éxito”, dijo Ban.

Pero entonces llegó la decepción de las negociaciones climáticas de Copenhague en 2009.

En Copenhague, el recién elegido presidente de Estados Unidos, Barack Obama, mostró un “gran compromiso”, trabajando incluso sobre una propuesta de texto global desde su laptop, dijo Ban. Pero había demasiadas diferencias entre los participantes y las negociaciones terminaron sin acuerdo.

“Desde el fracaso de Copenhague, aprendimos una importante lección”, señaló Ban.

Como resultado de esa cumbre se propuso que cada país presentara su propio plan nacional de acción para combatir el cambio climático. También se trabajó en que los países se pusieran de acuerdo para tener un pacto universal sobre cambio climático en 2015.

Mientras tanto, Ban recorría el mundo para señalar los efectos del cambio climático. Sus visitas a la Antártida y el Ártico llamaron la atención sobre el deshielo, y sus viajes al mar de Aral en el centro de Asia y el lago Chad en el África occidental advirtieron sobre la desaparición de ambos. Visitó Kiribati, una isla nación del Pacífico situada a baja altitud, donde encontró un chaleco salvavidas en su habitación para casos de inundación.

También pidió asistir a las reuniones anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional —algo sin precedentes para un secretario general de la ONU— para hablar con ministros de Finanzas sobre la necesidad de movilizar 100.000 millones de dólares anuales en financiación para el clima a partir de 2020.

Conforme se acercaba la cumbre de París, Ban participaba en videoconferencias estratégicas mensuales con los gobiernos de Francia y Perú y, más tarde, Alemania. Una decisión clave fue darle la vuelta al proceso habitual de las negociaciones y hacer que los líderes mundiales asistieran al comienzo de la cumbre, para dar impulso y una dirección clara a los negociadores.

La inauguración de la cita de París fue la mayor reunión de jefes de gobierno de la historia, con 150 presentes, dijo el secretario general.

Pero hubo como media docena de países reacios, dispuestos a impedir el consenso en un acuerdo. Nicaragua se negó a presentar su plan nacional, afirmando que debería instarse a las naciones ricas hacer más recortes en sus emisiones contaminantes.

Ban recordó el momento en el que la delegación nicaragüense indicó que no bloquearían un acuerdo. El ministro francés de Exteriores aprobó de inmediato el acuerdo, que más tarde fue adoptado de forma unánime.

La prioridad de Ban ki-moon

El Acuerdo de París, aprobado por casi 200 naciones, pide tanto a los países ricos como a los más pobres que reduzcan su polución de gases de efecto invernadero. El texto pretende impedir que las temperaturas globales suban otro grado centígrado (1,8 grados Fahrenheit) entre ahora y 2100.

La perseverancia y el liderazgo de Ban fueron esenciales, dijo la ex primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland, que lideró una comisión nombrada por la ONU que publicó un histórico informe en 1987 señalando los peligros del cambio climático.

“Esto no es un espectáculo solista, pero el solista es importante”, dijo Brundtland.

Sin él, aseguró, “no podemos dar por sentado que estaríamos aquí”.

La prioridad de Ban para el resto de su mandato no ha cambiado. El acuerdo climático no impone sanciones a los países que no cumplan, y el secretario general dijo que se centraría en establecer un marco para asegurar que los miembros de Naciones Unidas cumplen las promesas que tanto le costó conseguir.

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